Problemas sexuales persistentes después de dejar los antidepresivos
Desde hace años se sabe que el consumo de antidepresivos en general puede afectar a la esfera sexual: falta de libido, orgasmos sin placer alguno, e incluso sensación de entumecimiento genital. Más del 50% de los pacientes informa sobre estos efectos adversos, aunque algunos de los antidepresivos más modernos ya no afectan a dicha esfera sexual.
Sin embargo, como ha publicado recientemente Los New York Times, existe un pequeño grupo de pacientes que, incluso al dejar de tomar este tipo de medicación, sigue sufriendo problemas sexuales graves que persisten años después de abandonar el tratamiento con los antidepresivos más comunes y conocidos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o ISRS.
De hecho, como ejemplo, la etiqueta del conocido Prozac (Fluoxetina) ya advierte que los problemas sexuales secundarios a su toma pueden persistir incluso tras suspender el medicamento. Y tanto las autoridades sanitarias de Canadá como las de Europa han reconocido que estos fármacos pueden provocar problemas sexuales a largo plazo. Sin embargo, actualmente la evidencia científica no ha hecho más que empezar a descubrir cómo de graves y duraderos pueden ser estos problemas de disfunción sexual. Hablar de sexo, incluso en la consulta médica, sigue siendo un tema tabú.
Un uso disparado
En décadas posteriores, el uso de los ISRS se ha disparado incluso en adolescentes. Actualmente se recetan para síntomas de depresión, ansiedad, e incluso síndrome del intestino irritable, trastornos alimentarios y síntomas premenstruales. Sin embargo, los investigadores aún luchan por comprender cómo funcionan realmente los ISRS y por qué producen estos problemas sexuales generalizados.
Se sabe que los ISRS se dirigen hacia la serotonina, un importante mensajero químico cerebral o neurotransmisor, que también actúa en otras localizaciones del organismo. Esta molécula participa en el embotamiento de la respuesta sexual, incluyendo el reflejo del orgasmo que se origina en la médula espinal. Además, la serotonina también afecta a los niveles de estrógenos, lo que a su vez puede tener efectos sobre la excitación.
Sin embargo, cabe recordar que la misma depresión también embota el deseo sexual. Se sabe que, entre los hombres con depresión que no reciben tratamiento farmacológico, el 40% sufre una pérdida de excitación y deseo sexual, y el 20% sufre problemas para alcanzar el orgasmo. Así mismo, cabe recordar que otras afecciones comunes como la diabetes o las enfermedades cardiovasculares también pueden causar problemas sexuales.
El problema es que los ensayos farmacológicos rara vez analizan lo que sucede cuando se suspenden los fármacos. Estos ensayos se basan en conocer la efectividad del fármaco y su seguridad, a corto y largo plazo, pero no se fijan en qué sucede cuando se deja de tomar el medicamento y si dichos efectos adversos persisten a largo plazo. Y, de hecho
