Israel y Hamás acuerdan un alto el fuego temporal
El 24 de noviembre, la ciudad de Ramallah se despertó con la noticia de que Israel y Hamás habían acordado un alto el fuego temporal. Las calles estaban vacías y en un café, un grupo de ancianos palestinos observaba un informativo que informaba sobre el intercambio de rehenes entre las dos partes en conflicto. El acuerdo establecía que se intercambiarían rehenes israelíes por prisioneros palestinos en una proporción de uno a tres. Aunque reflejaba la debilidad de Hamás, los hombres en el café lo consideraron una gran victoria después de dos meses de violencia.
Una manifestación en apoyo a los prisioneros palestinos
Al mediodía, la rotonda de Manara en el centro de Ramallah se llenó de gente. La multitud rodeó a cuatro leones de piedra que custodiaban la isla central de la rotonda, mientras un cartel mostraba los rostros de algunos de los niños asesinados en Gaza. Aunque la policía palestina, vista por muchos como colaboracionista de la ocupación israelí, observaba la manifestación, parecía permitir que se llevara a cabo.
La multitud marchó por una avenida llena de cafés y bares de jugos, encabezada por un sacerdote cristiano y el líder del Partido Comunista de Palestina. Hombres enmascarados portaban banderas del Frente Democrático para la Liberación de Palestina, mientras que mujeres marchaban detrás de ellos, algunas ondeando la bandera de Hamás.
Las consignas resonaban en la multitud, mientras las mujeres sostenían carteles con fotografías de sus hijos e hijas tomadas por los israelíes. Su esperanza era que sus hijos fueran parte del intercambio de prisioneros.
El testimonio de Aman Nafa
En medio de la manifestación, me acerqué a Aman Nafa, una mujer apasionada que hablaba sobre los palestinos encarcelados. A sus cincuenta y nueve años, Nafa había sido prisionera varias veces desde que era adolescente. Después de su liberación, se casó con un prisionero llamado Nael Barghouti durante el intercambio de 2011. Sin embargo, hace nueve años, Barghouti fue arrestado nuevamente junto con otros miembros de su familia. Nafa creía que estas detenciones eran una venganza contra su familia conocida por su resistencia contra la ocupación israelí.
La espera en las afueras de la prisión de Ofer
La multitud se dirigió hacia las afueras de la prisión de Ofer, donde se suponía que se llevaría a cabo el intercambio de prisioneros. Mientras más personas se unían, el rumor de la inminente liberación de los primeros prisioneros se extendía. A las 15.45 horas, más de mil personas se habían reunido en el lugar, esperando ansiosamente.
La liberación de los prisioneros
La multitud estaba llena de expectación, como si en cualquier momento los prisioneros se materializaran en la distancia. A pesar de las dudas sobre si la liberación de unos pocos prisioneros podría justificar la muerte de tantos civiles, se podían ver sonrisas y escuchar risas y canciones alrededor. Parecía que la multitud quería demostrar al mundo que su lucha por la autodeterminación seguía viva, más allá del sufrimiento reciente.
El Estado de Israel, por otro lado, intentó reprimir las celebraciones en Jerusalén Este, considerándolas un respaldo al terrorismo. Sin embargo, la alegría y la determinación de la multitud no se vieron afectadas.
