Londres se queda atrás en la celebración musical de Año Nuevo
En muchas ciudades importantes, la música es sinónimo de celebraciones de Año Nuevo. Sin embargo, Londres se está quedando rezagada, lo que refleja su disminuido estatus como una de las capitales musicales del mundo.
El Wigmore Hall ofrece un programa musical sobrio y serio
Afortunadamente, el Wigmore Hall ha permanecido abierto entre Navidad y Año Nuevo, ofreciendo un programa musical típicamente serio y sobrio. En su concierto de Nochevieja, miembros de Les Arts Florissants cautivaron a un público entusiasta, desafiando las creencias sobre la demanda de música clásica en el Reino Unido.
Una alineación modesta pero talentosa
Mientras ciudades como Viena y Nueva York presentaban a sus conjuntos más famosos en Año Nuevo, Londres contó con dos contratenores, dos violinistas, un violonchelista y un clavecinista, destacando la ausencia de grandes conjuntos internacionales en la ciudad.
El clavecinista en cuestión fue William Christie, un renombrado intérprete de música barroca. A sus casi 80 años, Christie demostró su maestría en el escenario. Sin embargo, la falta de presencia de grandes orquestas internacionales en el Reino Unido es una preocupación para la escena musical londinense.
Un concierto lleno de intensidad y virtuosismo
El concierto de Nochevieja en el Wigmore Hall presentó la cantata »Medea en Corinto» de Antonio Caldara, interpretada magistralmente por el contratenor Carlo Vistoli. Su interpretación expresionista y apasionada cautivó al público, aunque se hubiera agradecido una mayor expresividad verbal.
Otra destacada actuación fue la del contratenor Hugh Cutting en la cantata «Cessate, omai cessate» de Vivaldi. Su voz resonante y la habilidad de los músicos en el escenario crearon una experiencia musical excepcional.
Un dúo perfecto y momentos de alivio
Los dos contratenores se unieron en una serie de duetos de compositores como Agostino Steffani, Giovanni Bononcini y Handel, transmitiendo una profunda sensación de dolor. Sin embargo, las piezas instrumentales intercaladas, como la Sonata settima a doi violini de Giovanni Battista Fontana, brindaron momentos de alivio con sus melodías suaves y acompañamiento de órgano.
El concierto también incluyó la encantadora y sincopada «Damigella tutta bella» de Monteverdi, así como el dúo final «In braccio dei contenti» de la serenata nupcial «Gloria e Imeneo» de Vivaldi, que levantó el ánimo del público.
El Wigmore Hall continúa ofreciendo una temporada musical emocionante. Para más información, visite wigmore-hall.org.uk.
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