La relación entre el uso de pantallas y la sequedad ocular
Autores
- Jacobo García Queiruga – Profesor Interino del Área de Optometría (OD, MSc, PhD), Universidad de Santiago de Compostela
- Belén Sabucedo Villamarín – Investigador predoctoral en Medicina Molecular del GI-2092 en Optometría, Universidade de Santiago de Compostela
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Los autores no trabajan, consultan, poseen acciones ni reciben financiación de ninguna empresa u organización que se beneficiaría de este artículo, y no han revelado afiliaciones relevantes más allá de su nombramiento académico.
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Cada día, más pacientes acuden a los profesionales de la salud con molestias oculares después de largas jornadas de trabajo frente al ordenador. Los síntomas más comunes incluyen irritación ocular, picor y sensación de sequedad o arenilla en los ojos.
Estos síntomas son característicos del ojo seco, una enfermedad que afecta a entre el 5% y el 50% de la población mundial. Si bien puede tener múltiples causas, el estilo de vida juega un papel importante en su desarrollo. Uno de los principales factores de riesgo es el uso excesivo de pantallas.
El tiempo que pasamos frente a computadoras, teléfonos móviles o tabletas reduce la frecuencia de parpadeo y aumenta la cantidad de parpadeos incompletos, lo que impide una distribución adecuada de la lágrima en la superficie ocular. Además, las pantallas emiten luz que eleva la temperatura de la superficie ocular y aumenta la evaporación de la lágrima.
Un estudio realizado en la Universidade de Santiago de Compostela con estudiantes universitarios durante la pandemia de COVID-19 reveló que aquellos que pasaban más tiempo frente a las pantallas presentaban síntomas más severos de sequedad ocular. Los usuarios que utilizaban las pantallas durante más de 8 horas al día, además de las clases, mostraron una mayor sintomatología.
Aunque en ciertos trabajos es inevitable reducir el tiempo frente a estos dispositivos, existen recomendaciones para disminuir las molestias oculares. Sin embargo, antes es importante comprender algunos conceptos básicos.
La importancia de las lágrimas y los parpadeos
La superficie ocular está compuesta por los párpados, la lágrima, la córnea y la conjuntiva, cuya salud está estrechamente relacionada con su correcto funcionamiento. Cualquier alteración en alguno de estos elementos puede desencadenar anomalías que causen molestias oculares.
El ojo seco: una dolencia común en la era digital
La superficie del ojo está compuesta por dos capas: una formada por agua y proteínas, y otra por grasa. La primera tiene la función de hidratar el ojo, mientras que la segunda evita que la lágrima se evapore rápidamente. Cualquier alteración en estas capas puede desajustar las propiedades de la lágrima, lo cual impide su correcta distribución en la superficie ocular y provoca molestias.
Los párpados desempeñan un papel fundamental en la distribución de la lágrima sobre la superficie ocular, además de protegerla de agentes externos. Parpadear poco, como ocurre al utilizar el ordenador, contribuye a que la lágrima no se reparta adecuadamente sobre el ojo.
¿Cómo saber si sufro de ojo seco?
Ante todo, no hay motivo para alarmarse: experimentar síntomas de sequedad ocular no significa necesariamente que se padezca esta dolencia. Según la guía elaborada por la Tear Film & Ocular Surface Society, además de manifestar síntomas, los pacientes deben presentar signos de daño en la superficie ocular. Es el profesional de la visión quien debe determinar si existe dicho daño y qué medidas deben tomarse.
Existen una serie de señales que deben alertarnos. Entre estos síntomas se encuentran la sensación de sequedad, picor, quemazón, irritación ocular y ojos llorosos. Aunque los investigadores han identificado que el síntoma más común después de usar pantallas es la irritación.
¿Qué puedo hacer para aliviar estas molestias?
Si seguimos algunas precauciones, nuestra relación con las pantallas puede ser más amigable.
- Disposición y altura de la pantalla: Es recomendable que la pantalla se encuentre siempre por debajo de la posición primaria de la mirada. Esto ayuda a reducir la apertura de los párpados y, por lo tanto, disminuye la exposición del ojo.
- Posición de la pantalla en relación a la iluminación: Debemos evitar que haya lámparas sobre la pantalla o ventanas detrás del usuario. También se pueden utilizar filtros antirreflejos, ya que estos nos obligan a concentrarnos más y, por consiguiente, reducen nuestra frecuencia de parpadeo.
- Descansos: Los descansos son nuestros grandes aliados. Una regla que se recomienda habitualmente es la regla 20-20-20. Es decir, que por cada 20 minutos de trabajo miremos objetos alejados a más de 20 pies (unos seis metros) durante 20 segundos. Aplicar esta técnica reducirá notablemente los síntomas de sequedad. Dejar de mirar la pantalla durante ese tiempo restablecerá nuestro parpadeo normal.
- Condiciones ambientales poco propicias: La baja humedad, las altas temperaturas, las corrientes de aire (ya sean provenientes de ventanas abiertas o aires acondicionados), el humo del tabaco y el exceso de ambientadores perjudican la salud ocular.
- Hidratación de los ojos: En días de intenso trabajo, la hidratación de los ojos puede ser la mejor opción. Hay que evitar los sueros salinos, ya que su composición no es igual a la de la lágrima. Al carecer de grasa y proteínas, pueden desestabilizar la película lagrimal. La mejor opción son las lágrimas artificiales en versión monodosis, que carecen de conservantes y no dañan los tejidos oculares.
En definitiva, es común experimentar síntomas de sequedad ocular en la era digital. Si enfrentamos esta situación con las estrategias adecuadas, mejoraremos nuestra calidad de vida.
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