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Los propietarios de este tipo de sartenes saben de primera mano lo difícil que es cocinar con ellas: la comida se quema casi siempre, incluso si se le ha echado mucho aceite. Esto sucede porque el material tiene poros diminutos que, cuando se exponen a altas temperaturas, se encogen mientras el acero se expande. A medida que los poros se reducen de tamaño, atrapan los alimentos y hacen que se peguen.
