También fue gracias a Pepe que el Arsenal no consiguió esta victoria mucho antes de que aparecieran los penaltis. Haciendo el habitual fastidio de sí mismo, le cometió la falta a Kai Havertz, que se consideró que le había tirado de la camiseta antes de que el disparo de Martin Odegaard ondulara la red. El lenguaje corporal, gritar como si acabara de ser agredido violentamente, era un clásico del canon de Pepe.
Tomadas al pie de la letra, estas travesuras pueden volverse aburridas rápidamente. Pero dado que a Pepe le falta un mes para cumplir 41 años, se le debe conceder cierto grado de admiración a regañadientes. Es cualquier cosa menos un protocolo estándar para un jugador en su quinta década que todavía figura en la parte más alta de la Liga de Campeones, sin mencionar conducir a su equipo a través de cada minuto de batalla sin ningún signo visible de desvanecerse.
El no portero de mayor edad antes que él fue Alessandro Costacurta del AC Milan, quien, a los 40 años, aguantó 45 minutos de una derrota instantáneamente olvidada en la fase de grupos de 2006 ante el AEK Atenas. David Weir también jugó para los Rangers en la competición cuando tenía 40 años.
El aporte de Pepe perduraría más en la memoria. Contra las estrellas de Arteta, ofreció, a pesar de todos sus desagradables defectos, una conmovedora reprimenda a la noción de que la mayor competición del fútbol de clubes no es un país para viejos.
