Si alguien ve las… señales o lo que ha sucedido en el pasado, seguramente estará de acuerdo en lo siguiente: el hecho de que Kostas Slukas haya vuelto a alcanzar la conquista de la Euroliga no es sorprendente.
Sencillamente porque el camino del base internacional confirma que cuando toma la decisión de proceder con un traspaso o cuando surge en su vida deportiva, entonces da un paso más y llega a lo más alto. Simplemente porque obtiene una motivación extra.
Y esto es lo que tenemos hasta ahora:
En 2010, Slukas era jugador del Olympiakos pero fue cedido al Aris. Y cuando regresó, con más minutos de juego en pie, pasó a formar parte de la rotación rojiblanca. Inmediatamente ganó la Euroliga en Estambul (2012) y un año después celebró el mismo trofeo en Londres (2013) contra el Real, para demostrar ahora que no entiende nada en el tête-à-tête con la Reina.
Seguir; En 2015 se trasladó al Fenerbahçe. Con… uno, Slukas llegó a la final de la Euroliga en el 2016, pero perdió ante el CSKA de Moscú, por lo que la copa llegó en la primavera del 2017 y contra el Olympiakos. Fue el tercer lanzamiento al cielo para un jugador que ya entonces se sintió justificado por su decisión de cambiar de bando.
Nuevo cambio en el ’20 y vuelta a SEF. En el 22 llegó a la final a cuatro y un año después, vistiendo la camiseta del Olympiakos, disputó la final (perdida) contra la Real.
El verano pasado, como es bien sabido, Slukas dio un gran paso al cambiar de campamento. ¡Y en su primera temporada con Trifylli celebró la Euroliga como capitán de los Verdes! Cuarta copa con tres equipos diferentes, algo único en el baloncesto.
De verdad, ¿alguien sigue creyendo que cuando el base de 34 años se atreva a hacer una jugada que será comentada en toda Europa no sucederá algo espectacular?
