«Cierra tus ojos». Por Mauricio Vallejo Márquez – 2024-06-29 09:29:04

Por Mauricio Vallejo Márquez
Bitácora
No recuerdo la última vez que disfruté tanto despejar mi mente, pero es un sentimiento hermoso y liberador. Simplemente dejándome volar, aunque estuviera fijo en mi silla o donde fuera; y desconectarme de la existencia, sin darle importancia a lo que sucedía en mi entorno. No lo sé. Pero ahora que lo hice antes de escribir esta columna me siento tan bien, como esa canción de G Men, tanto que decidí escribir sobre ella.
Cerré los ojos y tomé conciencia de lo que existe. El ruido de las llantas sobre el asfalto mojado de las calles, el tostado de las tazas y vasos en el armario de la cocina, las voces y sus conversaciones talladas en el viento. El lento arrastre de las sombras por el suelo y las paredes hasta llegar al momento en el que la vida ya no importa y al mismo tiempo sí. La relajación era inminente y la vida cotidiana me dejó ir por un momento, es decir, me sentí libre.
Es sorprendente lo bueno que puede ser escapar, tan sorprendente que no entiendo por qué no lo hago más a menudo, dejar la banalidad de la vida y vivir en la eternidad, habitar en ese maravilloso momento donde no importa si existes o no.
Recuerdo que cuando estaba en séptimo grado comencé a dejar que mi mente divagara (al menos tomé conciencia de ello, porque definitivamente lo hice muchas veces antes). Las lecciones me aburrían y no nos permitían salir del aula ni hablar con nuestros compañeros, así que mi alternativa era desconectar y vivir otra realidad, hacer una película o imaginar cosas. Las posibilidades eran infinitas. Tuve la sensación de estar en otros mundos, el mío y el de los demás, mientras el profesor Ernesto Cabrera llenaba el pizarrón de ejercicios. ]Días después llamaron a mi mamá para decirle que estaba haciendo esto, que estaba prestando atención y parecía atenta, pero en realidad mi mente estaba en otra parte.
A lo largo de los años realicé el mismo ejercicio cientos de veces, hasta que me aburrí o dejé que la ansiedad y el cortisol se apoderaran de mí. Dejé de soñar despierta y de ver la vida como el breve momento que apenas se disuelve en las profundidades del infinito.
Sin embargo, hoy que decidí alejarme del celular, de las personas y de las computadoras, pude habitarme y descansar. Descanse como lo hacían los jesuitas después de agotadoras maratones de lectura y estudio. Así que cerré los ojos brevemente y dejé que mi mente flotara hacia la inexistencia y cuando abrí los ojos no sentí el coraje para seguir viviendo.
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Licenciatura en Ciencias Jurídicas
Maestría en Docencia Universitaria
Escritor y editor
Coordinador Suplemento Cultural 3000
[email protected]

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