Arabia Saudita enfrenta el momento más precario de su reinvención económica. Ocho años después de que el actual príncipe heredero Mohammed bin Salman presentara Visión 2030, su plan para la vida después del petróleo, los retrasos y desaceleraciones en la transformación multimillonaria de la economía están ejerciendo presión sobre las finanzas del reino.
Con su presupuesto en déficit durante seis trimestres consecutivos, Arabia Saudita se ha convertido en el mayor emisor de deuda internacional en los mercados emergentes. Y su decisión de recortar la producción de petróleo con otros miembros de la OPEP+ en 2023 no logró aumentar sustancialmente los ingresos por exportaciones.
Las ganancias petroleras del Reino han caído aproximadamente un tercio con respecto a los niveles de 2022, cuando el crudo Brent promediaba casi 100 dólares el barril, gracias a la invasión rusa de Ucrania. Esto está pesando sobre la estabilidad económica general del reino, ya que continúa invirtiendo en los enormes proyectos del Príncipe Mohammed, que incluyen desde la nueva ciudad de Neom hasta complejos turísticos, ligas de fútbol e inversiones en inteligencia artificial.
La visión se enfrenta a una prueba de realidad y hay que hacer ajustes.
Goldman Sachs Group Inc. descubrió que la puntuación de riesgo soberano de Arabia Saudita -una medida que tiene en cuenta métricas financieras y de gobernanza- fue el que más empeoró después de Israel entre los mercados emergentes durante la primera mitad del año. Un ranking de junio de Morgan Stanley llegó a una conclusión similar, con el reino entre los «rezagados».
El aumento de la deuda refleja cambios en las finanzas sauditas durante la última década. Según el Fondo Monetario Internacional, aunque sigue siendo baja según los estándares internacionales, la proporción de la deuda pública en la producción económica ha aumentado desde el 1,5% en 2014 y está en camino de superar el 31% del PIB para finales de la década.
El gobierno saudita y otras entidades, incluidos bancos, el fondo de riqueza y el gigante petrolero Aramco, han recaudado más de 46 mil millones de dólares en bonos en dólares y euros en lo que va del año. Eso significa que Arabia Saudita ha superado a China como el emisor de mercados emergentes más prolífico en los mercados internacionales de bonos, según datos compilados por Bloomberg.
Sin embargo, según Jim Krane, investigador del Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad Rice de Houston, el gobierno tiene flexibilidad –como ya está demostrando– para reducir o retrasar las inversiones en sus llamados gigaproyectos.
La posición financiera externa del país está bajo presión a medida que aumentan las importaciones. La balanza por cuenta corriente -la medida más amplia del comercio y la inversión- caerá casi a cero en 2024 y entrará en déficit a partir del próximo año, predice el FMI, tras registrar un superávit de alrededor del 13% del PIB en 2022.
La liquidez local de los bancos sauditas sigue siendo limitada, medida por las tasas de interés que se cobran entre sí por los préstamos. La tasa de oferta interbancaria a tres meses de Arabia Saudita ha alcanzado un promedio récord de más del 6% este año.
El FMI dice que el gobierno saudí necesita que el crudo Brent alcance casi 100 dólares el barril para equilibrar su presupuesto, unos 15 dólares más que los niveles actuales. Bloomberg Economics estima que el precio de equilibrio es de 109 dólares el barril, una vez que se tiene en cuenta el gasto interno del Fondo de Inversión Pública (el fondo soberano).
La inversión extranjera directa se está materializando lentamente fuera del sector del petróleo y el gas, lo que hace cada vez más difícil para el príncipe heredero convertir sus ambiciones en realidad.
El gobierno quiere atraer 100 mil millones de dólares en inversión extranjera directa al año para 2030, una cantidad aproximadamente tres veces mayor de lo que ya ha logrado. Según datos del gobierno, los flujos netos alcanzaron alrededor de 2.500 millones de dólares durante el primer trimestre, una fracción del objetivo de este año.
Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, la inversión extranjera directa ascendió a sólo 12.300 millones de dólares en 2023, un 60% menos que en los vecinos Emiratos Árabes Unidos, una economía mucho más pequeña.
En parte debido a esto, el crecimiento no petrolero -un indicador crucial para el gobierno- cayó al ritmo más lento desde la pandemia de coronavirus en el primer trimestre. Ésa fue una de las razones por las que el FMI recientemente redujo su pronóstico para la expansión económica general de Arabia Saudita este año al 2,6%. Para finales de 2023 esperaba un 4%.
Aun así, el presupuesto del reino estará en números rojos durante los próximos años, lo que significa que instituciones nacionales como el PIF y Armaco seguirán siendo responsables de muchos de los proyectos más importantes. A pesar de todos los obstáculos y presiones, el príncipe heredero está decidido a realizar sus objetivos, aunque adopten una forma diferente.
2024-07-15 21:44:27
