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Fallecido en 2017, Christophe Otzenberger seguirá siendo, para la posteridad, el hombre de su primer largometraje, La conquista de Clichy, un documental de exactamente treinta años de antigüedad que registra, en 1994, el ascenso silencioso del populismo en el aparato, tras el colapso del Frente Nacional (FN), favorecido a su vez por la reforma electoral implementada en 1986 por François Mitterrand. O este momento de la política francesa en el que la izquierda está desgastada por el poder (derrota en las elecciones legislativas, convivencia al frente del país entre François Mitterrand y Edouard Balladur), en el que se acerca el final del mandato presidencial y en el que parte de la derecha está empezando a cazar abiertamente en tierras del FN. Por tanto, la puerta está abierta a la tentación de los instintos más gregarios. En este sentido, la película marca su época y seguirá asumiendo, con la ampliación de la brecha social, una especie de valor añadido visionario cuya realización todavía parece ocurrir hoy.
Como escribe su director: “Esta película, a la manera de una película científica, a la manera de una película etnológica, pretende comprender en qué se han convertido las ideas en este país y dónde han ido a parar los votantes de izquierda, sabiendo que el tejido social de la ciudad no No, casi ha cambiado. » Al fin y al cabo, es el estilo de la película lo que impresiona, sobre todo porque hoy, bajo la égida de los comunicadores políticos, sería imposible realizarla.
Filmado durante la campaña para las elecciones cantonales de Altos del Sena y luego para las elecciones municipales de Clichy, con el candidato del RPR Didier Schuller, La conquista de Clichy es una especie de comedia negra, rodada en cine directo, sobre la política en su forma más cruel y truculenta. Sus dos héroes se llaman Didier Schuller y Christel Delaval, una pareja tanto en la ciudad como en la escena, que componen un número fenomenal de artistas a dúo, como Valmont y Merteuil, una versión más popular de la conquista municipal.
Presunto cinismo y demagogia
Éste no era el proyecto inicial del director, que pronto se encontró con el visible malestar del alcalde en ejercicio, el socialista Gilles Catoire, al saber que estaba siendo filmado. A años luz de este sobrio pudor, Schuller y Delaval montaron un espectáculo hundiéndose en el exceso opuesto. El primero es un matón de 45 años, Enarque, ayudado por Patrick Balkany y Charles Pasqua, con camiseta a rayas y palabras fuertes. “Escuela de los Altos del Sena”, por así decirlo, que unos años más tarde daría presidente a la VY República. La segunda, con un traje preppy con loden azul marino y blusa celeste, pendientes de oro y nácar y texto a juego, es una contadora que abandonó su carrera para lanzarse a la política junto a su pareja.
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