La última vez que fue visible desde la Tierra fue en 1986. Los expertos aseguran que volverá a surcar los cielos de nuestro planeta en 2061. He aquí, para los que lo vimos entonces, en aquel año situado entre la Guerra Fría y el germen de una Nuevo Orden Mundial que se alzaba (y ahora se ponía) que el cometa Halley quedó impreso en el corazón y en los ojos. Pues el destino y el amor por el deporte nos hicieron ver de nuevo ese cometa, aquí en París y muy por delante de las previsiones. Tomó los rasgos, ese cometa, de una genovesa de 21 años que transformó el ejercicio y el aparato más difícil de la gimnasia artística, la viga, en el eje cartesiano de su trayectoria dorada.
Espléndida cometa, Alice D’Amato, porque nunca en 155 años de su historia, nuestra gimnasia en todas sus modalidades había visto una medalla de oro individual femenina. Un oro facilitado también por las estrellas (véase la inesperada caída de Simone Biles y otras rivales), y que mira al cielo en busca de compasión (en la dedicatoria a su difunto padre) y espíritu de venganza (por la herida que la privó de su La hermana del sueño olímpico Asia). Trayectorias netas, arcanas y al mismo tiempo inescrutables para nosotros los humanos, Alice recurrió (y con su Manila Esposito, bronce igualmente histórico) a esa herramienta que es una perfecta ejemplificación del límite extremo y siempre dinámico entre lo posible y lo imposible, la finitud y la voluntad. .
En los primeros Juegos Olímpicos, en particular en gimnasia artística, con el primer éxito en la historia de un atleta africano, el argelino Nemour, en las barras asimétricas, nos quedamos encantados de ver la trayectoria celeste que trazaba Alicia en la esfera celeste de nuestra deporte, seguramente la encontrará en lo más alto del podio mucho antes del próximo paso del cometa Halley.
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2024-08-13 01:06:06

