Periodismo chileno del siglo XXI

La comunicación segmentada se ha vuelto hegemónica y, además, la prensa ya no se encuentra en el marco de una lucha ideológica por cosmovisiones y proyectos sociales, es decir, por “representar verdaderamente” lo real. El modelo de periodismo comercial segmentado. Del libro “Un periodismo cortés. Prensa y sociedad en el Chile del siglo XXI. (Parte 3, Capítulo 3).

Eduardo Santa Cruz .Consejo editorial de Lom Ediciones .

8/2024. Si quisiéramos buscar un criterio general que nos permitiera caracterizar rápidamente los cambios fundamentales que experimenta la lógica interna del periodismo en este cambio de siglo, tanto a nivel general como a nivel de la particularidad chilena, podríamos resumir que no ha habido una reducción en la articulación entre las diferentes dimensiones de cualquier estrategia periodística, de la que hablábamos antes.

Si en el siglo pasado esta articulación fue particularmente compleja y la hegemonía de algunas de estas dimensiones se produjo de manera alternada, en la situación actual y casi de manera absoluta, es claro que el criterio predominante es mucho más económico que ideológico-cultural, e incluso estrictamente periodístico. De alguna manera, se manifiesta aquí el fenómeno característico de este modelo de sociedad, que es la reducción de toda práctica social a la lógica económica del mercado, cuestión que puede apreciarse en los más diversos niveles.

En el caso de la comunicación en general y del periodismo en particular, lo anterior se sustenta sobre todo en los fenómenos de segmentación y digitalización. Como señalamos antes, los cambios tecnológicos han posibilitado el desarrollo de una serie de nuevas prácticas en el procesamiento y producción de información, que de hecho constituyen cambios importantes respecto a las conocidas y practicadas durante décadas.

Una de ellas es la intermedialidad, es decir, la intersección entre prensa escrita, radio, Internet y televisión para tratarse mutuamente como material informativo, lo que constituye una manifestación importante de la autorreferencialidad a la que se refería Bordieu. Todo ello, en un contexto cada vez más multimedia que trasciende lenguajes y soportes tecnológicos: esto respalda la creciente tendencia a transformar los medios de comunicación propios del siglo XX, transformados en plataformas mediáticas, donde todos los códigos y lenguajes y todos los soportes tecnológicos coexistir.

Aunado a lo anterior, es posible notar la coexistencia de diferentes niveles informativos: algunos segmentados según criterios económicos, sociales y culturales, como sucede con la oferta de canales informativos por cable, donde se encuentra información que simula la vigencia del periodismo de orientación y comentaristas y, también, la simulación de la «participación ciudadana», recoger opiniones o realizar «votos» sobre temas de actualidad, a través de las herramientas que ofrece el progreso tecnológico y en el que se practica algo parecido al periodismo «anterior».

Pero también otras como la televisión «en abierto, abierta o generalista», en la que predomina el infoentretenimiento, entendido como la relación entre narratividad dramática e información, en la que lo colectivo o lo social se lee y explica a partir de lo individual, y también lo social. los llamados infonegocios, en los que la publicidad se difunde de forma secreta y descarada como si fuera una noticia, temas sobre los que volveremos en breve. Es decir, un periodismo de masas en el que predominan las noticias, reportajes y crónicas de «contenido humano», con elementos de narrativa ficticia y en el que incluso temas que aluden a la globalidad social se ven preferentemente a partir del drama individual.

Es decir, la lógica es que cada segmento de demanda tenga su correspondiente producto para satisfacerla o, en otras palabras, la vigencia de tanto periodismo como solicitudes haya, siendo la base que explica la explosión de géneros y formatos, articulados y relacionados y, con ello, la generación de productos efímeros, que duran lo que dura la demanda, lo que genera mayores dificultades para crear mapas o cartografías del funcionamiento del sector.

El mercado desarrolla un proceso de segmentación cada vez mayor, ayudado por la tecnología, creando “nichos de mercado” cada vez más específicos. Lo importante es que se dirige a una parte de la sociedad, por eso desprecia o deja de lado cualquier pretensión de globalidad.

Los «modelos de prensa», entendidos como estructuras y perfiles mediáticos como hemos visto anteriormente, como actores productores de información y significados sociales, se han convertido en «modelos de negocio»: cómo responder a las demandas del mercado y no, cómo «representar» una sector público o social. Por tanto, es posible decir que el modelo de negocio segmentado se ha convertido en el modelo periodístico dominante.

No es que este modelo implique la presunta llegada de la banalidad y el sensacionalismo a la prensa nacional, cuestiones también presentes en épocas anteriores, y que no puede ser serio ni analítico, sino que lo que lo define radicalmente es el abandono del intento de dar cuenta. de la totalidad social y, con ello, toda posibilidad crítica, cuando existe, queda reducida a un fragmento. La comunicación segmentada se ha vuelto hegemónica y, además, la prensa ya no se encuentra en el marco de una lucha ideológica por cosmovisiones y proyectos sociales, es decir, por “representar verdaderamente” lo real.

La crítica del poder, es decir de una visión articulada de la sociedad, es cada vez menos posible y lo que queda son pequeñas críticas parciales que no tocan el aspecto estructural o que incluso son funcionales para favorecer la participación de ciertos segmentos del mercado en el consumo de medios. Esto no quiere decir que no existan procesos de homogeneización propios de la «comunicación de masas», sino que estos conviven, aunque de forma subordinada, con los de la comunicación segmentada, que son predominantes, o como subraya el citado Lozano, que la «comunicación de masas» “Hoy no es más que un segmento más. Esto se vería facilitado por los efectos de la fragmentación y heterogeneización social y cultural provocada por el proceso de modernización neoliberal, que habría creado las condiciones para transformaciones profundas y cualitativas a nivel de la «masa receptora», que se habría dispersado en numerosos » audiencias «vagabundas». ”, como vimos antes citando a Lozano, compuesto por consumidores de infoentretenimiento que deambulan por la oferta televisiva o digital, y que ya no se limitan a leer periódicos y revistas en papel o ver la televisión ligada a una oferta programática relativamente fija, sino en décadas pasadas. y que, gracias a la tecnología, pueden ser rastreados, estudiados y contactados para perfilar gustos y patrones de consumo individualmente.

Este modelo de prensa dominante hace que cada vez haya menos opiniones a nivel global y, con ello, la posibilidad de una lucha por la “verdad social” es reemplazada por la lucha por la credibilidad en el mercado. Como hemos reiterado, lo verosímil no es lo simplemente parecido a su referente, sino lo habitual, lo que ocurre la mayor parte de las veces y lo que el sentido común está dispuesto a creer.

Se fundamenta en la naturalización del orden social, sus propósitos y supuestos, lo que implica el desplazamiento de la política, en su sentido más profundo. Esto implica, por otra parte, que los hechos ya no preceden a la noticia, con las posibilidades de su construcción y producción y su potencial de manipulación y sus efectos de alienación. Más allá y por el contrario, lo que sucedería es que es la información la que genera el acontecimiento y los hechos, cuestión reforzada por el desarrollo de las relaciones públicas y la consultoría en comunicación, así como de fuentes de información que ostentan poder político y/o económico. influyen en la producción de contenidos, como veremos a continuación. Eduardo Santa Cruz

Es profesor de la Universidad de Chile, doctorando en Comunicación Social del Centro Internacional de Estudios Superiores en Comunicación para América Latina (CIESPAL, Ecuador), periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile y licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Instituto Universitario Latinoamericano de Estudios Sociales.
2024-09-03 04:00:17
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