En el centro de la Galería Blanca, el más pequeño de los dos espacios expositivos del centro de arquitectura Arc en Rêve de Burdeos, una maqueta translúcida flota en el vacío como si estuviera suspendida. Su forma esquiva y fascinante se despliega en un archipiélago de cavidades con paredes irregulares cuya base encierra una sustancia de color verde pálido que irradia en la oscuridad. Es difícil entender a primera vista de qué se trata. Hay que acercarse, deslizarse entre estas islas luminiscentes, descubrir lo que allí se esconde: aquí un puente, allí la terraza de lo que parece un pequeño restaurante, allí una plataforma cuyo uso no estás seguro…
Las etiquetas de la exposición “Stone Void” nos hablan de la naturaleza del objeto. En realidad se trata de una maqueta arquitectónica y no, como podría imaginarse, de una instalación artística. Su aspecto onírico refleja la naturaleza de lo que representa, un proyecto de gran delicadeza, tenso entre la extrema fragilidad y la sublime monumentalidad. Se trata de la primera fase de una importante iniciativa, llevada a cabo en 2019, que pretende reconvertir el extraordinario patrimonio natural formado por las canteras de Huangyan, un paisaje pétreo monumental (20.000 metros cuadrados en total) situado en una zona remota de Zhejiang, al sur de Shanghai, que un éxodo rural masivo ha dejado sin derramamiento de sangre.
Al frente está Xu Tiantian, una arquitecta china conocida por ser la primera mujer en abrir un estudio en su país (DnA Design and Architecture, en Pekín, en 2004). Se debe también a su compromiso con la revitalización del campo chino, a su apego a los conocimientos locales y ancestrales, que sitúa en el centro de sus proyectos, que hoy le han valido el reconocimiento internacional y numerosas distinciones (en particular, en 2023, Premio Mundial de Arquitectura Sostenible).
Cavidades esculpidas
Xu Tiantian convenció a las autoridades locales de abandonar varios proyectos de explotación comercial y turística para seguir su idea de un espacio público para los residentes. Lo que podría constituir, para esta comunidad violada por la historia, una especie de reparación, que iba acompañada de un gran respeto por este patrimonio natural, enfoque que consistía en tratar estas cavidades esculpidas como una arquitectura grandiosa.
La fragilidad del sitio, que primero había que consolidar, fue la brújula del proyecto; el deseo de celebrar su majestuosidad y preservar el ecosistema que se había desarrollado en su interior, el timón. La intervención sólo podía ser minimalista: “acupuntura arquitectónica”, para usar una expresión acuñada por el arquitecto. Con este espíritu imaginó el programa, con la idea de pesar lo menos posible, de no tocar casi nada: aquí un puente cubierto por un techo de madera, donde se encuentran artesanos y comerciantes; hay un espacio de lectura al aire libre; aquí también una plataforma dedicada a la contemplación; más adelante, un bar-restaurante, una galería de exposiciones, una sala de espectáculos… Daríamos mucho por estar en el lugar de uno de los pequeños personajes pegados en la maqueta.
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