Valores Democráticos II | Por: Eduardo Fernández

Hay dos formas de gobernar un país. Uno es la democracia. Otra es la dictadura. La primera es la forma más civilizada que ha encontrado la humanidad. Presupone un clima de tolerancia, respeto por las opiniones de los demás, respeto por el Estado de derecho y los derechos humanos. Del respeto al principio según el cual toda autoridad debe estar legitimada por la soberanía popular. Una autoridad que no emana de la voluntad de los ciudadanos expresada en elecciones libres y competitivas no es legítima.

A lo largo de la historia mundial han prevalecido regímenes autocráticos, despóticos y arbitrarios. Formas primitivas de gobierno en las que prevalece la fuerza y no la razón. En este tipo de regímenes no hay respeto por el Estado de derecho ni por los derechos humanos. -La Constitución sirve para todo. Como dijo el presidente general José Tadeo Monagas a mediados del siglo XIX en Venezuela, luego del asalto al Congreso.

La democracia es una forma de gobierno culta y civil. En una democracia no puede haber presos políticos, ni torturas, ni exiliados, ni ciudadanos castigados por sus opiniones políticas. La democracia implica el respeto a las opiniones de los demás y el diálogo como mecanismo para alcanzar los consensos imprescindibles para la gobernabilidad de una sociedad.

La democracia presupone la existencia de partidos políticos fuertes y representativos, presupone también la existencia de organizaciones intermedias que defiendan los intereses sectoriales de la población; Sindicatos, sindicatos, empresarios. reuniones vecinales. Y una variedad de organizaciones ciudadanas-estatales.

Ya hemos recordado en un artículo anterior que la democracia, en la insuperable definición de Abraham Lincoln, es: -el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Para ser legítimo, un gobierno democrático debe surgir de la voluntad de la mayoría de los ciudadanos. Esto es lo que se llama legitimidad de origen. Pero, para seguir siendo legítimo, un gobierno democrático debe tener un historial de respeto por la Constitución, el estado de derecho, los derechos humanos y una labor gubernamental que contribuya a mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.

Por tanto, a la hora de evaluar el grado democrático de un gobierno se deben tener en cuenta estos dos criterios: la legitimidad del origen y la legitimidad del ejercicio del poder.

El Estado existe para servir a los ciudadanos y no al revés. Los ciudadanos tienen derechos prioritarios y superiores a cualquier Estado y a cualquier gobierno: el derecho a la vida, el derecho a la propiedad, el derecho a buscar la máxima felicidad. Estos derechos no son una concesión amable por parte del estado o el gobierno. Son derechos inherentes a la condición humana.

Los funcionarios públicos son, desde el presidente de la república hasta el último concejal del municipio más modesto de la geografía nacional, empleados de los ciudadanos. Son servidores del pueblo. Reciben su salario de los impuestos que pagamos los contribuyentes o de la riqueza nacional que, por definición, es la riqueza de todos los ciudadanos.

Entonces, cuando una autoridad abusa o abusa de un ciudadano, está violando la fuente del poder y la soberanía nacional. La democracia es incompatible con el abuso de autoridad. La democracia es un régimen fundado en el respeto escrupuloso de la dignidad de la persona humana. Respeto a la dignidad de cada ciudadano y de todos los ciudadanos.

La historia universal y la historia de Venezuela son testigos de una lucha permanente y constante para hacer prevalecer los valores democráticos y los principios éticos y morales que constituyen el fundamento de la democracia.

Un día en nuestro país, tarde o temprano, brillarán los valores y principios de una verdadera democracia.

Seguiremos hablando.

Eduardo Fernández

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