El Gobierno ha decidido intensificar la presión fiscal sobre los bancos mediante una nueva subida de impuestos, que afectará especialmente a los grandes bancos del país. Con esta iniciativa el Ejecutivo pretende consolidar una Acuerdo alcanzado con Junts y el PNVdos de sus aliados parlamentarios, para convertir este impuesto en una medida estable y aplicarlo durante al menos tres años. Este pacto, que también incluye la eliminación del impuesto temporal al sector energéticopodría tener importantes repercusiones en la economía y la competitividad de las instituciones financieras.
Este rediseño fiscal afecta especialmente a las grandes entidades, que Se les gravará hasta el 6% en comisiones e intereses, un 4,8% más que el anterior. La estructura impositiva, ahora progresiva, propone tipos desde un mínimo del 1% para los bancos con facturación inferior a un máximo del 6% para entidades con mayores beneficios, como Caixabank, que ya prevé asumir el tipo más alto. Gonzalo Gortázar, su director general, irónicamente calificó la medida como «Tasa Caixabank»Advirtiendo que la continuación de este impuesto podría empujar a los bancos a considerar trasladar sus sedes fuera de España.
A pesar de algunos cambios destinados a mejorar la situación del sector, los bancos han expresado su descontento, apoyando esto el impuesto sigue siendo discriminatorio y doblemente gravosoafectando sólo a este sector y no a otros sectores económicos. Además, aunque en el impuesto de sociedades se prevé una deducción del 25%, el banco destaca que no se elimina por completo la doble imposición, lo que podría comprometer hasta 50.000 millones en préstamos anuales Destinado a empresas y familias.
De cara a las Cortes, el plan fiscal aún podría sufrir cambios, sobre todo si las propuestas de Sumar, otro de los aliados parlamentarios, tienen éxito. Esta formación, dirigida por Yolanda Díaz, requiere impuestos aún más altos para el sector bancario y cuestiona la eliminación del impuesto sobre sociedades energéticas, aunque su capacidad de influencia se ha visto disminuida por las recientes disputas internas.
Ante esta nueva regulación, ING y otras sucursales de bancos extranjeros también se verán obligadas a contribuir. Para las entidades más pequeñas, como las antiguas cajas de ahorros -Unicaja, Abanca, Kutxabank, Ibercaja y Bankinter-, la carga fiscal podría reducirse gracias a la estructura de tramos, que establece un tipo mínimo del 1% para rentas inferiores a 750 millones de euros. Esta medida se complementa con la inclusión de una exención parcial para las empresas, lo que aliviará en cierta medida la carga para los bancos más pequeños.
Pero el sector financiero, representado por patronales como AEB y CECA, ya está estudiando impugnar la permanencia de esta imposición en los tribunalesargumentando que la medida viola principios constitucionales e impone una carga fiscal desproporcionada a los bancos. Estas asociaciones consideran que el nuevo régimen no resuelve los problemas constitucionales y de discriminación que plantea el impuesto temporal, y sostienen que esta carga afectará a la capacidad de financiación del sector.
Entre las voces preocupadas del sector también se encuentra la del consejero delegado de BBVA, Onur Genç, que, en unas declaraciones públicas, ha mostrado su pesar por lo que considera un impuesto «contra España» e instó al gobierno a entablar un diálogo con el sector. Genç añadió que mientras el Ejecutivo cedió a las exigencias de las empresas energéticas, que amenazaban con reducir sus inversiones en el país, los bancos no consiguieron un diálogo efectivo con el Gobierno en sus peticiones de reconsideración fiscal.
