Recién nacidos que mueren de tos ferina, las señales de advertencia: síntomas y tratamientos

“Hemos vuelto a la Edad Media”. El caso de los tres recién nacidos que han muerto a causa de la tos ferina desde principios de año ha llevado a la intervención de los infectólogos, después de los pediatras. Acontecimientos que, con el aumento de contagios que han mantenido en alto la atención sobre una enfermedad que parecía superada por las vacunas desde la primavera pasada, no sabemos catalogar; hechos que, subrayan, «no deberían ocurrir». Este es el tono del discurso. Máximo Andreoni, profesor de enfermedades infecciosas en la Universidad de Roma Tor Vergata y director científico de Sociedad Italiana de Enfermedades Infecciosas Tropicales (Simit)al margen de la conferencia «Exposición de Innovación Sanitaria 2024».

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Andreoni: “Entonces volvemos a la Edad Media”

Andreoni no hizo concesiones a la hora de definir la situación: «Con tres recién nacidos muriendo de tosferina en Italia, volvemos a la Edad Media – afirmó -. Es absurdo y vergonzoso que esto siga sucediendo en 2024. Los casos aumentan, especialmente entre «Tenemos un arma contra esta enfermedad: la vacunación durante el embarazo, que permite al niño, en el momento del nacimiento, estar protegido contra esta infección particularmente peligrosa, precisamente en las primeras semanas de vida».

Y Andreoni insistió precisamente en las vacunas: “La vacunación ha permitido a Italia prácticamente cancelar la mortalidad por tos ferina. Pues bien, este año ya hemos tenido tres casos de niños fallecidos, un fenómeno que se enmarca dentro de la reticencia a la vacunación por parte de personas y familias, un importante problema de salud al que debemos hacer frente. Debemos volver a la formación y a la educación porque es inaceptable que hoy haya muertes por una enfermedad absolutamente prevenible».

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¿Qué es la tos ferina?

Cuando hablamos de tos ferina nos referimos a una enfermedad infecciosa de origen bacteriano que afecta principalmente al sistema respiratorio. Estamos hablando de una enfermedad endémica que se presenta con mayor frecuencia durante el periodo verano-otoño, con picos epidémicos cada 3 o 5 años.

Está causada por un patógeno, Bordetella pertussis, que se encuentra en las células que recubren el sistema respiratorio, provocando tos y silbidos muy violentos durante la fase de inhalación. Es una enfermedad contagiosa que se transmite a través del aire, pasando por la nariz y la boca, hasta propagarse e infectar las vías respiratorias.

Hay que tener en cuenta que la bacteria de la tos ferina sólo puede transmitirse entre humanos y que afecta principalmente a niños menores de 5 años. Precisamente por eso es un fenómeno que no debe pasarse por alto en los recién nacidos. También deja una inmunidad que disminuye con el tiempo. Esto tiene consecuencias que hay que tener en cuenta: contraer la bacteria en la infancia o ser sometido a la vacuna contra la tos ferina no impide sufrir nuevos ataques en el futuro, aunque sean de forma más leve o atípica.

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Una enfermedad en tres etapas

Cuando hablamos de síntomas, debemos considerar que en la tos ferina son diferentes dependiendo de la fase de la enfermedad, que se desarrolla en tres etapas. La primera es la «fase catarral», que dura unas dos semanas durante las cuales pueden aparecer un aumento de temperatura y síntomas genéricos, muy similares a los de otras enfermedades que afectan al sistema respiratorio.

El segundo es el «convulsivo» y puede durar hasta 6 semanas. En este caso aparecen los síntomas típicos, como tos violenta e irritante, seguida de un «grito inspiratorio» final y la expulsión de flemas muy espesas. La producción de moco también puede provocar vómitos. Luego viene la tercera fase, la de «convalecencia», que puede durar de 1 a 2 semanas: se produce una atenuación progresiva de los síntomas hasta la recuperación completa.

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¿Qué síntomas causa?

La tos ferina tiene un período de incubación que oscila entre 7 y 20 días y, en ausencia de complicaciones, finaliza en 6-10 semanas. Si lo contraen adultos, puede provocar complicaciones como incontinencia, pérdida de peso y daño óseo en las costillas causado por una tos prolongada y violenta.

En el caso de la tos ferina en recién nacidos, sin embargo, las complicaciones pueden ser más graves y en ocasiones incluso provocar consecuencias incapacitantes como: hemorragias subconjuntivales y epistaxis (sangrados nasales); infecciones purulentas del oído medio causadas por superposición con otras infecciones; Neumonía y bronconeumonía.

Además, en los niños, debido a la tos violenta y repetida, pueden producirse estados de apnea y asfixia. La mala oxigenación de la sangre también puede provocar daños en el sistema nervioso central (encefalopatía).

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Cómo se transmite y quiénes corren mayor riesgo

Cuando hablamos de tos ferina nos referimos a una enfermedad muy contagiosa que se transmite a través del aire a través de gotitas de saliva que se emiten al aire al toser, estornudar o incluso hablar a corta distancia. Los pacientes son contagiosos en la fase catarral y pueden transmitir el virus durante aproximadamente 2 semanas después del inicio de los síntomas. Además, cabe destacar que la tos ferina no tiene portadores sanos que alberguen el virus sin estar enfermos. Sin embargo, existen casos raros en los que la enfermedad se desarrolla de forma asintomática o atípica.

¿Quiénes tienen mayor riesgo de contagio? Precisamente por su facilidad de transmisión y dependiendo de las complicaciones que puedan surgir de ella, los niños tienen mayor riesgo de padecer tos ferina, especialmente durante sus primeros años. Aún hoy esta patología provoca la muerte de muchos recién nacidos.

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Cómo se diagnostica y trata

El médico de cabecera realiza el diagnóstico de tos ferina basándose en la historia clínica, un examen exhaustivo del estado físico del paciente y el análisis de laboratorio de muestras de moco tomadas de la nariz y la garganta. Además, también se pueden realizar análisis de sangre específicos y radiografías de tórax.

En cuanto al tratamiento, se procede con la administración de antibióticos específicos que combaten la infección y que, combinados con el reposo en un ambiente tranquilo y confortable, permiten al paciente erradicar la bacteria. La terapia con antibióticos, durante la primera fase de la enfermedad, además del tratamiento de la tos ferina, permite reducir el período de contagio y la duración de la patología.

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Objetivo de prevención: la vacuna

Pero para combatir la tos ferina es fundamental la prevención y, en este sentido, se realiza una vacunación contra la tos ferina. Con el decreto legislativo sobre prevención de la vacunación aprobado en 2017, la vacunación contra la tos ferina pasó a ser obligatoria para los menores de 0 a 16 años. La vacuna se administra durante el primer año de vida del niño, con 2 refuerzos posteriores a los 5-6 años y entre los 11 y 18 años. Se recomiendan más refuerzos cada 10 años.

Por último, es importante la vacunación contra la tos ferina durante el embarazo, que garantiza la transferencia pasiva de anticuerpos al feto y una inmunidad que lo cubre de la enfermedad durante los primeros meses de vida.

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