ROMA. Hay un momento en el que la fama de un campeón traspasa las fronteras nacionales y lo consagra como una estrella mundial. Esto es lo que nos está pasando en los últimos meses Jannik pecadorelogiado por los aficionados no sólo en Italia sino también por los entusiastas del tenis en cualquier lugar del mundo al que vaya a jugar. Y si L’Equipe le inventa un apodo (Pecador) significa que esa transición ha ocurrido. Para ser campeón universal, sin embargo, no basta con ser el número 1 de un deporte, se necesita algo más. Como valentino rossi y alberto tombael chico de Sesto Pusteria se ha convertido en un símbolo de la italianidad.
Una nueva italianidad. Tomba y Rossi tenían en común, aunque con años de diferencia, una particular capacidad comunicativa acompañada de gestos irregulares durante y fuera de las competiciones: el boloñés que fue el primero en hacer espectacular el esquí era un poco «gascón», el fenómeno Tavullia era provocativo y transformó la pista de MotoGP en un «circo» para los medios de comunicación. Siempre sonriente, amado pero también odiado, ciertamente nunca anónimo. Sinner es otro tipo de italiano: frío, metódico, perfeccionista, ya centrado en el próximo objetivo. Pero también dispuesto a fundirse en una sonrisa y gestos de atención hacia un recogepelotas o un oponente. También se muestran impasibles cuando, como en Montecarlo, sufren una injusticia por un descuido del árbitro.
Sinner recuerda más a otro italiano que se convirtió en un ídolo internacional: Yuri Chechi. Es leyenda el gesto con el que en los Juegos Olímpicos de Atenas nuestro «señor de los anillos» levantó dramáticamente los brazos del búlgaro Jordan Jovčev indicándolo como ganador del oro olímpico en disputa abierta con los árbitros que habían otorgado el primer lugar al atleta de En casa Chechi ganó un bronce histórico (tenía 34 años y se recuperaba de una lesión que habría acabado con la carrera de cualquier otro deportista) y se convirtió en campeón de este deporte, es fácil complacer a los aficionados de otras naciones. Hay rivalidad, pero alguien lo ha logrado. Entre los italianos, Giacomo Agostini, reconocido como el mejor motociclista de todos los tiempos, ciertamente lo ha logrado.
Entre los futbolistas, debería dedicarse un espacio a Paolo Maldini Y paolo rossi. Pero quizá sea el deportista que más que ningún otro ha enamorado a deportistas de todo el mundo. Pietro Mennea: aparentemente esbelto pero muy decidido, entusiasmó a generaciones por su abnegación en la búsqueda de la perfección atlética. Su récord mundial de más de 200 metros fue uno de los más largos de la historia del atletismo: se mantuvo durante 17 años, pero su fama continuó más allá. Silencioso, reservado y por momentos tímido, como Sinner. Al chico de Sesto Pusteria aún le queda mucho camino por recorrer pero también ejemplos en los que inspirarse para no perderse y seguir sorprendiendo.
