En pleno Ensanche de Santiago de Compostela, General PardiñasEstamos viviendo una situación que raya en lo inusual. Un inmigrante, de nacionalidad venezolana, Ha ocupado un piso de 200 metros cuadrados, propiedad de María Lago, pensionista de 78 años, y lo alquila por habitaciones a través de Idealista. Cada estancia se ofrece por 400 euros al mes, que genera unos ingresos de 2.000 euros al mes, evitando cualquier control fiscal.
Para María, que vive de una pensión de sólo 750 euros, a los que se suma una pensión de viudedad de hasta 1.200 eurosEl alquiler de este apartamento era imprescindible para cubrir los gastos. Sin embargo, no sólo no recibe ingresos de la propiedad, sino que debe hacerse cargo de todos los gastos derivados del empleoincluyendo electricidad, agua, facturas del condominio y otros 5.000 euros para obras de renovación del edificio. La hija confiesa que la familia teme por su salud: «Ella tiene una afección cardíaca y esta situación la pone al borde del colapso«.
El problema comenzó cuando el El okupa llegó como inquilino en diciembre de 2023, afirmando ser médico y vestido de traje para ganarse la confianza. María firmó un contrato de alquiler a través de una agencia inmobiliaria. Pagó el primer mes de alquiler (1.100 euros) y parte de la fianza, pero en abril de 2024 dejó de pagar el alquiler. Desde entonces no ha pagado ni abandonado la propiedad.
María y su familia intentaron encontrar soluciones amistosas. Se ofrecieron a ayudarlo a encontrar una vivienda más asequible.pero el hombre fue claro: «Viviré en tu apartamento». Poco después, María se enteró de la verdadero alcance del problema durante una reunión de la comunidad de propietarios. Los vecinos se quejaban del constante movimiento de gente, a menudo borracha y ruidosa, que había transformado la casa en un lugar de constante molestia.
El contrato del okupa expiró en junio, pero se niega a abandonar el apartamento. «Nos dijo que no pagaría ni se iría, que sabía cómo evitar el desalojo«dice la familia. Y parece que lo está consiguiendo. El juicio para expulsarlo está previsto para el 9 de diciembre, pero podría posponerse porque el hombre ha solicitado a la Municipalidad un certificado de vulnerabilidad, estrategia utilizada en otros casos similares.
Además del daño económico, la situación representó un fuerte golpe psicológico para María. Dejó el apartamento familiar, donde vivía con su marido y sus hijos, con la intención de complementar su pensión alquilándolo. Ahora no sólo se enfrenta a deudas que superan los 9.000 euros en concepto de alquileres impagos, sino que también tiene que pagar los suministros utilizados por el okupa y sus inquilinos. El costo del condominio, que incluye calefacción y agua caliente, cuesta 250 euros al mes, a lo que se suman las elevadas facturas de luz y agua.
La familia tuvo que intervenir para ayudarla a cubrir los gastos. «Tenemos miedo de que todo esto acabe afectándola gravemente.«comenta la hija, destacando el impacto de esta situación en una mujer que ha trabajado toda su vida como autónoma para garantizar una vejez digna. Mientras tanto, el ocupante sigue haciendo negocios con la que fue la casa de María y su familia.
