“Leni Riefenstahl estetizó la violencia del Tercer Reich”

El historiador de cine Jérôme Bimbenet es el autor de la única biografía francesa de Leni Riefenstahl, cineasta del régimen nazi, cuyo retrato pinta Andrés Veiel. Leni Riefenstahl, luces y sombras. Nos ilumina sobre esta cifra paradójica.

¿Qué le debemos, cinematográficamente hablando, a Leni Riefenstahl?

A ella le debemos haber sistematizado cosas que existían antes que ella, especialmente la gramática propagandística. Se trata de dos tiros puramente técnicos: clavado y contraclavado. En El triunfo de la voluntad, pasamos de un plano de la población aplastada a un plano de Hitler solo, filmado desde un ángulo bajo y con el cielo a sus espaldas. Una lengua que desde entonces ha sido ampliamente recuperada. En Los dioses del estadiotambién sistematizó los insertos, tomados de Eisenstein: dentro de un plano general inserta primeros planos donde busca la reacción del público. Después de todo, debemos haber intentado distanciarnos de los acontecimientos actuales estetizando un acontecimiento político o deportivo. La forma en que filmamos el deporte todavía le debe mucho.

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¿Qué imagen de Hitler ayuda a forjar?

Hay en ella dos visiones enfrentadas de Hitler. En Los dioses del estadio, está humanizado porque tiene las mismas reacciones que el público. La película está ambientada en 1936, cuando Alemania intenta unirse a la Liga de Naciones. En El triunfo de la voluntadél es el líder que encarna la nación alemana. Riefenstahl había construido un foso a su alrededor para filmarlo desde abajo. No creo que Stalin fuera filmado de esa manera. Hitler era una estrella de rock, se acercó al pueblo, Stalin se contuvo. Cinematográficamente no podemos mostrar lo mismo.

El cuerpo disciplinado la fascina…

Filma los músculos, la hazaña, la superación de uno mismo… Los cuerpos viriles, colocados uno al lado del otro, pasan a representar el cuerpo de la nación alemana, unida y poderosa. Es un cuerpo sano, rubio, atlético, que excluye todo lo que no lo es, empezando por los judíos. Recuperar el cuerpo viril siempre ha sido una forma de dar sustancia al poder, desde Mussolini hasta Putin.

Y luego llega Jesse Owens, un deportista afroamericano que, en “Los dioses del estadio”, la fascina por completo…

Es el cuerpo extraño que viene a destruir todas las tesis raciales. Tenemos testimonios de la época: cuando Jesse Owens entra al estadio, el público alemán le levanta el visto bueno. Goebbels también quería que se cortara durante el montaje. Lo encuentra ridículo: hay que mantenerlo porque es una prueba de que Alemania es tolerante.

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