Sebastián Wainraich: «Me baso más en los personajes que en la trama» | El presentador y humorista ha publicado «Patria y familia», su primera novela – 2024-12-15 03:01:00

2024-12-15 03:01:00

Son las dos de la mañana y Luis Alberto Camino no logra conciliar el sueño. No es de extrañar: en seis horas abrirán las escuelas y comenzará el acto electoral en el que podría ganar y convertirse en el nuevo presidente de Argentina. Su cabeza no se detiene: está ansioso y confiado, proyecta la victoria, su primer discurso, y también lo que pensarán y sentirán sus más fieles colaboradores, e incluso sus detractores de ayer y de hoy. Este es un hombre que ha puesto absolutamente todo para llegar a este momento. Qué pasará en esas elecciones, quién ganará y cómo se reorganizarán sus cosas y las de quienes lo rodean es la pregunta que recorre la trama de Patria y familia (Planeta), la novela política escrita con ritmo de thriller por Sebastián Wainraich. Una obra que profundiza en los recovecos del poder y la ambición, pero con la libertad que le da la ficción, y sin miedo a lecturas e interpretaciones posteriores.

Comediante, locutor de radio y televisión, guionista, escritor de dos libros de relatos y ahora de su primera novela. Así se podría definir a Wainraich, que en Patria y familia construye una historia que indaga en temas como el poder, la ambición, las lealtades y las traiciones en la política sin caer en la solemnidad. Una trama de ficción que imagina la posible intimidad de un candidato presidencial que tiene problemas como cualquier ciudadano, aunque con rasgos de personalidad por los que fácilmente podría ser diagnosticado como psiquiátrico. Incluso, obviamente, sin ser un hombre común y corriente: gobierna la provincia de Buenos Aires y todas las encuestas lo señalan como favorito.

“Me pregunté cómo pasa la noche previa a las elecciones un candidato a presidente, y de esas preguntas comencé a sacar algunas respuestas y se construyó la trama. Cuando terminé de escribir, encontré más respuestas. Al igual que Luis Alberto Camino, el protagonista, es un gran negacionista. Porque la primera lectura es que el chico es un psicópata, un hijo de puta, pero cuando profundizas en su historia lo ves como un negacionista de sus conflictos, que se tira al barro de la política porque se siente más a gusto. ahí, con esos códigos o valores –no sé cómo llamarlos– que son poco cariñosos. En su mundo político nadie se comporta con amor, todo es por interés, todo por poder, hasta los nombres de los niños tienen interés…

-¿Por qué esta vez no fue un cuento y decidiste dedicarte a la novela?

-Siempre lo pensé como una novela. Había probado varias veces una novela pero se me había quedado en el camino, o no la encontraba o no me gustaba. Y en este caso vi la novela. Creo que me tranquilizó tener un final, que aunque lo cambié después, sabía hacia dónde iba. Tener un horizonte hacia el cual escribir me da confianza. Y además tienen un carácter sólido. Que el protagonista sea un personaje “malo”, para reducirlo a una definición, lo hace ilimitado y más divertido de escribir.

-¿Era nuevo para ti, acostumbrado a otros discos de protagonistas?

-Casi siempre escribo personajes más culpables, dudosos, un poco más complejos… Éste, en realidad, es un personaje que no tiene límites, porque el mal no tiene límites. Es como cuando los actores hacían de villanos en las telenovelas y la gente los amaba, los aplaudía mucho y hasta los amaba.

-El problema es que se hace difícil encontrar empatía con Luis Alberto Camino, porque la verdad es que él concentra gran parte de los males políticos y humanos.

-Puedes empatizar un poco cuando empiezas a conocer tu infancia, tu adolescencia, algunos acontecimientos, y cuando ves que otros son como tú. Además, el hecho de ser el protagonista de la novela te pone de su lado. Tener claro un personaje es importante. Para escribir me baso más en los personajes que en la trama. Y sentí que tenía uno muy interesante, a lo que le sumaba el mundo que lo rodeaba, los demás personajes y el contexto en el que se movería.

-¿Y en tu escritura siempre avanzas a través de los personajes? Es decir, generalmente cuando escribes, ¿la primera idea que te viene sobre un texto, un monólogo, una obra de teatro, es siempre a través de un personaje?

-Sí, casi siempre. No es que empiezo a escribir para decir «oh, quiero hablar sobre el paso del tiempo o el poder o lo que sea»… No, escribo sobre el personaje y la historia, y cuando estoy lo suficientemente avanzado me doy cuenta de lo que es. Con escribió. Patria y familiapor ejemplo, me di cuenta de que, en realidad, aunque no se parece en nada a la película una noche de amor ni a la serie casi felizNi de lo que hago en el teatro, termino hablando siempre de lo mismo, porque también es una novela sobre la paternidad, sobre los vínculos. Llevado a un contexto mucho más oscuro y hostil, pero en realidad el niño busca cariño, que es en última instancia lo que todo ser humano desea: ser amado.

-Usted se ha dedicado a la política, un área en la que la Argentina tiene una gran tradición novelesca, pero siempre es arriesgada. ¿Cómo funcionó eso al escribir?

-Disfruté contar la política desde la ficción. Y por mucho que digamos que no, siempre piensas en lo que dirá el otro, en lo que pensará… Pero me dije que quizás la novela sirva para distraer un poco al lector, como si le generara incertidumbre sobre qué personaje podría ser este o aquel político, no lo sé.

-¿Y en qué basaste la construcción de tu personaje?

-En realidad, Luis Alberto Camino es un político bastante tradicional, al menos desde afuera, pues se mueve con mucha habilidad en los medios, hacia adentro. Esto le lleva a ascender en la escala profesional hasta tener la oportunidad de ser candidato presidencial. No conozco a los políticos a puerta cerrada, no sé cómo son íntimamente, pero bueno, esto me lo inventé de la peor manera posible, pobrecita. Tiene sentido que quieras saber si está basado en alguien. Siempre estamos interesados en esto. A todos. Algunos me dicen “ah, así es”, otros me dicen que es así. No me basé en ningún líder político en particular, sino que hay una mezcla de diferentes líderes. Hubo un exasesor de un político que me llamó, o mejor dicho me escribió, y me dijo que lo que comentaba en la novela era «como está, es así, si quieres hacerlo audiovisual, vamos». Tómalo junto algún día en el que pueda contarte más cosas. No sé si se refería a su jefe o al mundo de la política en general.

-La novela realiza una mirada crítica al mundo de la política. Sin embargo, no existe ningún juicio moral ni social sobre lo que sucede en la trama.

-Traté de asegurarme de que no hubiera rebajas ni nada por el estilo sobre cómo se debe vivir. Me deshice de todo esto. De hecho, el estilo de la historia es serial. Intenté darle ritmo, frases cortas, sin demasiada reflexión. Están ahí de vez en cuando, pero sin entorpecer el ritmo, casi como una noticia. El lenguaje es bastante coloquial, es un viaje al interior de la cabeza de este chico. No he intentado descargar la línea. Por supuesto que sé que si pintas uno, parece que los pintas todos. De hecho, me imagino el mundo de la política un poco así. Pero no culparía sólo a la clase política. Me parece que hay un sistema que lleva a hacer esto. Siempre digo que debe ser cansado ser político, porque siempre tienen que hablar bien de sí mismos y nunca admitir un error o ser vulnerables, tienen que criticar a los demás… Pero votaríamos por un tipo que dijera: “ Y la verdad es que vengo más o menos con mi pareja, he cometido muchos errores este último año…»? Yo no votaría por él. O que dijera: “Les digo a los pensionistas que el año que viene se morirán de hambre”. Bueno, tal vez votarían a favor, no lo sabemos.

-En Patria y familia Hay un fuerte desarrollo del componente sexual del protagonista. ¿Por qué decidiste incorporar este aspecto a la historia?

-Me pareció que el protagonista necesitaba desahogarse ahí, porque ve a la mujer como un objeto. Y el sexo lo necesita, ya que al no poder afrontar los conflictos, se libera un poco a través de los sexuales. Eso sí, confieso que mientras lo escribía me dio un poco de vergüenza, porque soy modesta. Esto surge de la lectura de Charles Bukowski y Henry Miller. O incluso Philip Roth.

-¿Te da vergüenza intentar “calentar” al lector?

-No creo que el lector se enoje sabiendo que estoy detrás (reír). Siento que tiene que ver con la coherencia del personaje y la historia. Eso es todo. Y el detalle de sus encuentros amorosos es porque el chico tiene una transparencia que no tiene en otros temas, por eso cuenta cuando está emocionado, cuando tiene calor, cuando necesita desahogarse. No tiene ningún problema.

-Lo sexual, en la novela, no es sólo el poder del candidato. ¿Crees que sexo y política coexisten más de lo que la gente piensa?

-Sí, no tengo pruebas y tengo dudas, no es que no tenga dudas. Pero apuesto a que sí, el sexo puede ser un shock para cualquiera involucrado en política las 24 horas del día. Por tanto, acaban generando vínculos entre ellos que trascienden el ámbito profesional.

-En ese aspecto, en Patria y familia La vida pública y la vida privada de los líderes políticos están muy alejadas entre sí. ¿Crees esto en la política o en las figuras públicas?

-Quería plantear otra discusión. En un momento el personaje dice: “¿Crees que si soy fiel, si tengo una vida ordenada, seré mejor presidente? «Es estúpido». Y añade además: “Si hago de la familia una prioridad, seré un mal presidente. El presidente debe dedicarse a su función las 24 horas del día». Y eso es algo con lo que estoy de acuerdo. El costo que tienen que pagar los que quieren dedicarse a la política es trabajar las 24 horas del día. Si llegas a ser presidente de un país, tienes que posponer el resto, porque sino ¿cómo se hace? Si tenemos que posponer nuestro trabajo para una reunión y tenemos cinco mensajes de WhatsApp sin respuesta, un presidente requiere dedicación exclusiva. También creo que es lógico que exista una diferencia entre la vida privada y la vida pública. En cuanto a la comedia, me pasa: hay chistes que no hago en público y en privado sí. Nunca sabemos por quién votamos. En este sentido “El Javo” me parece más transparente. En este sentido aclaro. Pero el debate es este: ¿importa la persona o lo que importa es lo que hará como presidente?

-En la novela hay numerosas referencias al rock argentino, más específicamente a Luis Alberto Spinetta, tanto en el nombre del protagonista como en sus canciones que forman parte de la historia. ¿Por qué decidiste incluirlos?

-Tiene que ver con la historia. El padre del protagonista es un músico frustrado, admirador de Spinetta, y por eso lo llamó Luis Alberto. Me pareció que, al estar la novela escrita de forma tan coloquial, era interesante añadir el vuelo creativo y profundo de Spinetta. Como una forma de contrarrestar tanta frialdad con algo más poético. Me hubiera venido bien Charly, a quien escucho mucho más que Spinetta. Los amo a ambos, obviamente, pero Charly es como Dios. Pero elegí a Spinetta porque sus letras tienen un sabor diferente. En un mundo tan directo y literal, donde todo se hace por interés, un mundo tan frío, tan poco amoroso, Spinetta aporta amor y sentimientos.

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