En esta primera mañana de mediados de diciembre, Andy, de 54 años, y Fayçal, de 40, están acampados alrededor de un enorme brasero, que calienta las pocas tiendas de campaña donde aún duermen sus compañeros, frente a las puertas de su fábrica. En la fachada, un enorme cartel parece provocarles: “Aquí se han producido ocho millones de coches desde 1949”. Ocho millones, pero probablemente no mucho más: la planta de Audi en Bruselas, en Forest, uno de los municipios de la región de Bruselas, cerrará definitivamente sus puertas a finales de febrero de 2025. Dejará atrás a 3.000 trabajadores, sin contar los aproximadamente 1.500 trabajadores de las empresas subcontratistas que, en su mayor parte, tenían como único cliente la marca alemana. De hecho, la producción ya se ha detenido debido a huelgas de proveedores.
Inmerso en un vasto plan de reestructuración y ahorro, ¿el grupo Volkswagen, propietario de Audi, tenía realmente la intención, por primera vez en décadas, de cerrar completamente una de sus plantas de producción? La amenaza ya se cernía desde el verano pasado, pero el hacha cayó en noviembre: la producción del modelo eléctrico Q8 e-tron se trasladará a México. “¿Creen que los mexicanos podrán permitirse un coche de 100.000 euros? O esa américa [du président élu Donald] ¿Trump comprará alguno? »-pregunta con sorna Fayçal, que sobre todo se pregunta cuál será su futuro y el de sus tres hijos.
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