“Iniciar una transición hacia un modelo más virtuoso”

NoNuestro sistema económico y social está dominado por un paradigma en el que el valor se sitúa en los ingresos (a nivel macroeconómico) y en las ganancias (a nivel empresarial). En este paradigma, las familias deberían ser libres de perseguir sus propios objetivos, equilibrando el trabajo y la familia, las actividades de mercado y no comerciales. En realidad, se les anima a adoptar un modelo productivista en el que el trabajo formal y el consumo de mercado se convierten en marcadores de éxito social. Ahora se reconoce que este paradigma adolece de graves defectos. Provoca importantes perturbaciones en el bienestar planetario. Promueve insidiosamente el empleo precario, socava las interacciones sociales ajenas al mercado y genera una crisis de salud mental a gran escala. Además, nuestro planeta sufre el frenesí humano por el crecimiento extractivista y el consumo ilimitado, de la misma manera que un cuerpo sano puede perder el equilibrio a causa de un tumor canceroso.

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A menudo se cree que la teoría económica justifica este paradigma demostrando que el ingreso nacional es un buen indicador del bienestar social y que la maximización de las ganancias conduce a una asignación eficiente de los recursos. Pero esto sólo es cierto bajo supuestos poco realistas, donde el trabajo es indoloro, las desigualdades insignificantes, las externalidades ignoradas y la información distribuida equitativamente entre los actores económicos. Una aplicación rigurosa de conceptos económicos conduce en realidad a una evaluación dura: el paradigma actual permite que los actores más dañinos, aquellos que externalizan sus costos y abusan de su poder de mercado, ganen la competencia económica; compromete la salud planetaria, la cohesión social y la prosperidad humana.

“Asistencia social”

Existe un paradigma alternativo al antiguo y merece ser promovido. Y puede basarse en bases sólidas de teoría económica, a diferencia del paradigma del PIB-beneficio. Se trata de continuar la “bienestar social” a nivel macroeconómico e “valor para las partes interesadas” a nivel corporativo (incluidas las externalidades). Además, es posible definir coherentemente los objetivos sociales y los indicadores de desempeño de las empresas, asegurando que estos últimos reflejen la contribución de la empresa a los primeros. El concepto clave de este nuevo paradigma es el de “ingreso equivalente”que consiste en corregir la medición ordinaria del ingreso o la riqueza por las externalidades generadas por las actividades económicas y por los aspectos no comerciales de la calidad de vida. Si todas las empresas persiguieran el valor para las partes interesadas, su actividad mejoraría directamente el bienestar social, no lo comprometería.

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