Al explotar la tregua de verano en los titulares de presupuestos, es conveniente reflexionar sobre cuestiones fundamentales en nuestras finanzas públicas. La avalancha de noticias en los últimos meses: cambios en el sistema de financiación autónomo, el perdón de la deuda y la voluntad de avanzar con los presupuestos del estado general, a pesar de que ni el techo de los gastos, ni los objetivos de estabilidad, ni la tabla macroeconómica se han actualizado, ha provocado la adaptación inevitable de la adaptación inevitable a la europea.
La directiva del nuevo Marco de Impuestos Europeo, aprobado en abril de 2024, obliga a todos los Estados miembros a integrarse en su legislación nacional, antes del 31 de diciembre de 2025, las reformas necesarias para adaptar sus pinturas presupuestarias a las reglas de la comunidad. En esencia, el principal cambio en la gobernanza económica europea radica en el hecho de que la regla de gastos: el límite del aumento en el gasto público neto se erige como un pilar central de la disciplina fiscal. España, por lo tanto, debería llevar a cabo la revisión de la ley sobre la estabilidad del presupuesto para alinear la regla de gasto nacional con Europa, no solo en su método de cálculo, sino también para otorgar el papel preponderante que requiere nuestro compromiso supranacional.
El Ministerio de Finanzas, consciente de las dificultades de negociar una ley orgánica en el Parlamento, ha indicado que, en términos generales, nuestra regla de gasto actual se adapta a la nueva referencia europea. Sin embargo, persisten las diferencias importantes y las lagunas. Algunos se derivan del nuevo diseño de la comunidad: será necesario aclarar cómo se coordinan los objetivos del déficit y la deuda con el límite de gasto, de modo que las tres reglas fiscales se fortalecen y no generen inconsistencias. Otras deficiencias provienen de la aprobación de la ley en 2012 que dejaron problemas no resueltos para regiones y entidades locales. Por ejemplo, la aplicación de objetivos basados en el déficit en términos de PIB es imposible a nivel local y la falta de desarrollo regulatorio ha causado interpretaciones dispares sobre cómo calcular el gasto calculable. También hay áreas fuera del alcance de la regla española: por ejemplo, la regla de gasto nacional excluye el sistema de seguridad social, a diferencia del campeonato europeo. Esta discrepancia significa que el fuerte crecimiento en el gasto de pensiones puede convertirse en ajustes adicionales a otras administraciones para ajustarse a la ruta de gastos acordado en la UE.
Una caída política compleja está llegando a España y sería ingenuo ignorar los antecedentes. Pero por esta razón, los especialistas en finanzas públicas deben continuar insistiendo en estas reformas estructurales. Adaptar nuestro marco fiscal al nuevo consenso europeo no es una técnica más baja: el grado de co -interexabilidad de cada administración y la apropiación nacional efectiva de las reglas compartidas que deben sentirse como ellos, no impuestas.
