Es mejor volverse loco en la naturaleza salvaje: cuando la soledad no es un escape, sino una elección

Miro Remo pretende una vez más observar a personas que han elegido una vida fuera de lo convencional. Tras el retrato del legendario cantante en Richard Müller: Nespoznány (2016) o el estudio de la juventud en Cooltúr (2016), esta vez dirigió la cámara hacia dos hermanos, outsiders. La película se basa en una notable tensión entre realidad y ficción. Lo que vemos a menudo parece increíble: una pequeña casa rodeada por la niebla de Šumava, camas de madera, estufas viejas, vasos (o litros) de grappa y hermanos que filosofan sobre el mundo y su inutilidad. En algunos momentos, el espectador tiene la sensación de estar no viendo un documental, sino una película en directo. La forma en que Miro Remo y el camarógrafo Dušan Husár componen las tomas tiene mucho que ver con esto: los largos y pacientes recorridos hacen que el bosque de Šumava resuene con toda su fuerza. El motivo del espejo no sólo multiplica la presencia de los hermanos en el cuadro, sino que también crea simbólicamente un espejo para nosotros, los espectadores. La cámara de Hussar es un deleite visual: cada toma parece una fotografía bien pensada que te encantaría colgar en la pared. Su sentido de la luz y el color hace de la película un placer inolvidable.

Sin embargo, debajo de la superficie hay mucho más que imágenes bonitas. La película crea un espejo de la sociedad, que tal vez condena un estilo de vida similar, o al menos no lo comprende. Franta y Ondra no viven en la huida, sino en una elección consciente. Para ellos, la soledad es un entorno natural, no un castigo.














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