José Gregorio Hernández Cisneros, el ‘médico de los pobres’, se convertirá el domingo en el primer santo de Venezuela, un país que le profesa devoción como tal desde hace más de un siglo y cuya canonización ha sido durante años uno de los pocos puntos de unidad en medio de la polarización política.
José Gregorio, como comúnmente lo llaman, intentó ingresar a la vida religiosa dos veces en sus 54 años de vida, pero, movido por la ciencia y su vocación, terminó curando a los más necesitados. Incluso después de su muerte, se le atribuyen innumerables curaciones, aunque no documentadas formalmente por la Iglesia católica.
Su canonización es un tema de Estado en Venezuela desde hace años. El presidente Nicolás Maduro lo pensó «un acto de justicia con un hombre que en vida fue protector de los más humildes.»
El santo católico y el sincretismo
Nacido el 26 de octubre de 1864 en Isnotú, localidad del occidental estado de Trujillo, y criado en el seno de una familia modesta y con fuertes valores religiosos, Hernández Cisneros será elevado a los altares tras la aprobación del fallecido Papa Francisco en febrero pasado, mientras se encontraba hospitalizado.
Fue beatificado el 30 de abril de 2021 en Caracas después de que Francisco reconociera el milagro concedido a la niña Yaxury Solórzano Ortega, quien fue golpeada en la cabeza durante un atentado mientras estaba con su padre y en quien los médicos que la atendieron habían perdido toda esperanza.
El hecho ocurrió en marzo de 2017, en el central estado Guárico, cuando la niña tenía 10 años. Luego de que los médicos que la atendieron dijeron a sus padres que la niña moriría, su madre oró a José Gregorio por su recuperación, motivo por el cual, según la versión de sus familiares, aprobada por el Papa, se salvó.
Aunque el Vaticano sólo reconoció este milagro, en Venezuela se le atribuye a Hernández Cisneros «millas» de favores, por lo que la Iglesia local inició el proceso para su canonización a partir de 1949, siendo declarado siervo de Dios en 1972 y bendito en 2021.
Sin embargo, la veneración a José Gregorio también lo llevó a otros altares, como parte del sincretismo de este país, transformando a este médico y hombre de fe en una figura ineludible de los ritos de la santería en los que creyentes y pacientes afirman haber recibido curación a través de procedimientos. «ilustrado» para el futuro santo.
Estas creencias tal vez retrasaron la canonización del médico al que muchos venezolanos recurren para cada diagnóstico desfavorable.
Médico de profesión, santo por devoción
Hernández Cisneros se mudó de su Isnotú natal a Caracas a los 13 años para continuar sus estudios secundarios y graduarse como médico en la Universidad Central de Venezuela (UCV), el 29 de junio de 1888.
El ex beato intentó ingresar a la vida religiosa en Italia, pero, según la archidiócesis de Caracas, la dificultad para adaptarse a los rigores de ese estilo de vida le hizo desistir de continuar en el camino de la medicina, la docencia y la ciencia.
Esto le permitió a Hernández Cisneros establecer la cátedra de bacteriología en la UCV, según la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (ACFIMAN) de Venezuela, que dice que en su tiempo libre practicaba la medicina privada en su casa y las consultas eran gratuitas para quienes no podían pagarlas.
Generosidad y veneración
Hernández Cisneros falleció el 19 de junio de 1919 al ser atropellado por uno de los pocos vehículos que circulaban en ese momento por la capital venezolana, lo que sorprendió a los ciudadanos que lo admiraban por su generosidad y altruismo.
A partir de ese momento comenzó a ser venerado por cientos de personas que visitaban su tumba en el Cementerio General del Sur, en Caracas.
En una ocasión, según la CEV, la cantidad de velas provocó un «gran incendio» que redujo la lápida a cenizas. Por este motivo, los restos de «médico de los pobres» Fueron trasladados en 1975 a la Iglesia de La Candelaria, en el corazón de Caracas.
EFE
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