La controversia se renovó en las redes sociales después de que Kirill Dmitriev, director del Fondo Ruso de Inversión Directa y representante especial del presidente de Rusia, anunciara planes para construir un enorme túnel que conectaría Rusia con Estados Unidos a través del Estrecho de Bering, un proyecto que los observadores han descrito como uno de los proyectos de ingeniería más ambiciosos de la historia moderna.
El interés no se limitó al lado ruso, ya que el expresidente estadounidense Donald Trump expresó su interés en la iniciativa, calificándola como un “proyecto interesante” que podría ayudar a incrementar la producción minera en EE.UU. debido a la facilidad de conectividad logística con Asia.
Dmitriev explicó que el coste del proyecto no superará los 8 mil millones de dólares gracias a las avanzadas tecnologías de perforación desarrolladas por la empresa de Elon Musk, The Boring Company, subrayando que el coste sin el uso de las técnicas de Musk habría alcanzado los 65 mil millones de dólares y que el período de ejecución no excederá los ocho años.
Un viejo proyecto vuelve a la vida
Las raíces de la idea se remontan a la década de 1890, cuando fue propuesta por William Gilpin, gobernador de Colorado, quien propuso construir un puente ferroviario o ferry entre Alaska y Chukotka. El proyecto fue presentado al gobierno zarista ruso a cambio de una concesión de 25,7 kilómetros de longitud por un período de 90 años, pero el Consejo de Ministros ruso lo rechazó en 1907 a pesar de la aprobación previa del zar Nicolás II.
En la década de 1990, el proyecto fue revivido a través de un comité especial ruso que incluía científicos e ingenieros de la Academia de Ciencias de Rusia, mientras que Estados Unidos fundó una empresa internacional llamada IBSTRG, dirigida por el ingeniero estadounidense George Komal, para desarrollar la idea en el lado estadounidense.
El “túnel Putin-Trump” y las condiciones geológicas
La idea apareció recientemente con un nuevo nombre: “túnel Putin-Trump”, frase utilizada por el propio Dmitriev. Estudios geológicos anteriores indican que la profundidad del estrecho de Bering varía entre 30 y 40 metros y que la naturaleza del terreno es apta para la construcción.
La longitud del túnel con las dos salidas será de aproximadamente 100 kilómetros, y atravesará las islas de Ratmanov (Gran Diómedes) de Rusia y Kruzenstern (Pequeña Diomedes) de Estados Unidos, lo que permite – según los geólogos – excavar túneles desde cuatro direcciones simultáneamente para acelerar el ritmo de los trabajos.
Victor Razbegin, director de la filial rusa del IBSTRG, confirma que el proyecto es técnica y económicamente viable, explicando que construir túneles de esta longitud “ya no es una tarea imposible”, destacando que el túnel no será más complejo que el túnel “Severomysky” en la línea Baikal-Amur o el túnel “Lefortovsky” en Moscú.
Desafíos logísticos
El proyecto implica la construcción de una línea ferroviaria de 3.700 kilómetros en el lado ruso desde Yakutsk hasta la entrada del túnel, así como un ramal de 2.000 kilómetros en el lado americano. La diferencia en el ancho de las vías férreas entre los dos países también representa un desafío adicional, pero los expertos confirman que las tecnologías de cambio automático de ruedas se han vuelto lo suficientemente avanzadas como para superar este obstáculo.
Razbegin concluye afirmando que “el proyecto, a pesar de su enorme tamaño, es técnicamente viable y económicamente rentable”, considerando que su finalización marcará un salto cualitativo en la historia de las infraestructuras globales y “un símbolo de cooperación entre Oriente y Occidente”.
Fuente: RBC
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