El descontento crece entre los internautas malgaches. Entre vídeos que cuestan cargar, paquetes que se agotan rápidamente y facturas cada vez más altas, muchos denuncian los costes exorbitantes de las conexiones móviles. La Autoridad Reguladora de Tecnologías de las Comunicaciones (Artec) dice comprender esta frustración, aunque reconoce la debilidad de su poder de intervención.
En las últimas semanas, el instituto se ha puesto en contacto oficialmente con los operadores de telefonía móvil para pedirles que consideren una reducción de precios. Una iniciativa bien recibida por los consumidores, pero que corre el riesgo de seguir siendo simbólica. Porque Artec, como ella misma subraya, no tiene control sobre los precios: su papel se limita a la mediación y la búsqueda de compromisos entre los operadores y el Estado.
«Trabajamos por una Internet más accesible, pero no podemos imponer precios», subraya la dirección general en un comunicado de prensa.
Por parte de los operadores la situación es muy diferente: según ellos el aumento de costes sería inevitable. «El precio de Internet no depende sólo de nosotros», explica Maroniaina Rakotomanana, directora de recursos humanos de Orange Madagascar. Cita una larga lista de factores: licencias costosas, equipos importados costosos, altos impuestos y aranceles aduaneros, sin mencionar los cortes de energía que obligan a las empresas a recurrir a generadores.
“Cada sitio técnico, especialmente en zonas aisladas, requiere inversiones considerables, lo que inevitablemente afecta el precio final”, explica.
Ante estas limitaciones, Artec ahora pide una desgravación fiscal. Según ella, una reducción de los impuestos en el sector podría permitir bajar los precios para los usuarios. El gobierno aún tiene que aceptar actuar en esta dirección.
Mientras tanto, los malgaches siguen pagando un alto precio por un vínculo que se ha vuelto esencial para la educación, el trabajo y la vida cotidiana.
Irina Tsimijali
