Los acuerdos con las compañías de seguros de salud para agilizar las bajas médicas no despegan: sólo tres comunidades los han firmado en un año | Economía

El ausentismo laboral es uno de los temas más espinosos en las negociaciones llevadas a cabo por los agentes del mercado laboral. Empresarios y sindicatos comparten, en mayor o menor medida, la preocupación por este problema, pero a nadie le importa. Dirigentes sindicales y patronales han acordado en dos ocasiones intentar acelerar la reinserción de los trabajadores enfermos con patologías traumáticas, pero el plan no ha despegado. Aunque ha pasado más de un año desde que las comunidades autónomas y las mutuas (que colaboran con la Seguridad Social en la asistencia sanitaria de las bajas médicas y en la gestión de las prestaciones) pudieron firmar convenios de colaboración para agilizar el diagnóstico y tratamiento de estos casos, el resultado es por ahora muy limitado. Sólo las comunidades de Baleares, Asturias, Cataluña (y las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla) han firmado dicho acuerdo, según datos oficiales del Ministerio de Seguridad Social. El departamento que dirige Elma Saiz intenta ahora reactivar esta iniciativa.

La primera vez que patronal y sindicatos llegaron a un acuerdo para esta colaboración fue durante la negociación del V Convenio para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC) firmado en 2023, pero no quedó sustentado en ninguna norma legal. Posteriormente, el 31 de julio de 2024, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones firmó el convenio con los sindicatos CC OO, UGT y las patronales CEOE-Cepyme. Acuerdo social para mejorar la compatibilidad de la pensión de jubilación con el trabajo. Transformado en ley meses después, preveía el compromiso de los firmantes de promover «el mejor uso de los medios de asistencia de las mutuas colaboradoras de la Seguridad Social en procesos traumatológicos, acelerando los diagnósticos y tratamientos» mediante la firma de convenios de colaboración entre las comunidades autónomas, las mutuas y el INSS.

En septiembre, en el Palacio de la Moncloa, dirigentes sindicales y empresariales firmaron ceremoniosamente este acuerdo. Desde entonces, sólo se han registrado cuatro de estos acuerdos (Ceuta y Melilla comparten uno), aunque fuentes del sector apuntan a que Cantabria y Aragón podrían ser las próximas comunidades en dar el paso de firmar alguno de estos acuerdos.

Si el problema del absentismo es tan grave como afirman los agentes sociales -sólo el año pasado tuvo un impacto como si 1,6 millones de trabajadores no hubieran trabajado en absoluto, y un coste económico de casi 30.000 millones para el Estado y las empresas, según datos de la mutua Amat-, ¿por qué esta colaboración no se materializa?

Diversas fuentes consultadas señalan diversas causas, detrás de las cuales se esconden todos los agentes implicados. «Uno de los principales motivos que impide que esto suceda es la extrema rigidez de los convenios. Las mutuas ya existían en la práctica esta colaboración y, ahora, el Gobierno ha diseñado un convenio tipo idéntico para todas las comunidades que, entre otras cosas, introduce más prácticas burocráticas y un intermediario que antes no estaba: el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS)», subrayan desde Amat.

Esta es la concepción, por parte de los responsables de la Seguridad Social, de los convenios para esta colaboración entre los servicios públicos de salud de las comunidades autónomas (que tienen responsabilidad sanitaria) y las mutuas que colaboran con la Seguridad Social. El procedimiento previsto en estos convenios es que si un médico de familia que asiste a un trabajador enfermo por una enfermedad común -por una patología traumática cuya duración supera los tiempos óptimos- cree que el trabajador necesita pruebas o tratamientos que requerirían más tiempo en la sanidad pública, comunique al INSS su interés en que ese paciente sea atendido por una entidad aseguradora de salud. El INSS, a su vez, comunica esta solicitud a la entidad aseguradora de salud, así como al centro elegido. La mutua dispone de cinco días hábiles para aceptarlo o rechazarlo. En este último caso hay que argumentar el motivo. Además, todo ello deberá contar con la aceptación expresa del paciente.

Todas estas precauciones se deben, según explican los responsables de la Seguridad Social, a que se debe garantizar que las actuaciones «se inicien a petición del servicio público de salud y se limiten a patologías concretas; respetando siempre la confidencialidad». Y añaden que en todos los casos “corresponderá al médico de cabecera reconocer el alta y el alta, determinar el diagnóstico inicial y, en su caso, las correcciones diagnósticas”.

Precisamente el hecho de que esa baja médica quede en manos del médico de familia hace que las mutuas retrocedan a la hora de firmar estos acuerdos. «Lo normal es que, si es el seguro de salud el que realiza las pruebas diagnósticas y el seguimiento del paciente, también sea el seguro de salud el que le dé el alta, como ya ocurre en el caso de los accidentes de trabajo», indican fuentes de la patronal de estos organismos. “O al menos, la participación de la aseguradora de salud y, en su caso, la propuesta de alta que ésta haga al paciente, debería tener más peso en la decisión final del médico de cabecera, sin negarse a que se discutan las decisiones”, argumentan estas fuentes.

Sin embargo, tanto el Gobierno como los sindicatos fueron muy claros, cuando acordaron firmar estos acuerdos, que el alta, incluso para estos casos, seguiría siendo otorgada por el médico de familia sin excepciones.

Pero existen otros obstáculos para la firma de estos acuerdos y son de naturaleza política, ideológica o empresarial. Por ello, tanto la Administración como fuentes mutualistas consultadas coinciden en que puede haber comunidades que utilicen su negativa a firmar estos acuerdos como herramienta para arremeter contra el Gobierno que los promueve. «También hay regiones en las que los sindicatos están totalmente en contra de la colaboración de la función pública con las mutuas, a pesar de que sus propias direcciones confederales han firmado la conveniencia de hacerlo», subrayan estas fuentes.

Del mismo modo, en otros casos hay resistencias de algunas mutuas: «Hay 18 mutuas en toda España y en cada comunidad fácilmente pueden haber siete u ocho. Si en una zona hay una mutua con muchos más recursos que otras, los que menos tienen se niegan a firmar estos convenios porque los pacientes se los darán a los que más tienen», explican fuentes del sector.

Intervención ejecutiva

En este escenario, la Seguridad Social intenta reactivar la firma de estos convenios. Para ello, el secretario de Estado de Seguridad Social, Borja Suárez, participó la semana pasada en el Consejo Interterritorial de Sanidad, donde se coordinan la Administración del Estado y las Comunidades Autónomas. Era la primera vez que un representante de la Seguridad Social participaba en este organismo.

Durante su intervención, explicó las iniciativas que la Seguridad Social está implementando en materia de incapacidad temporal, “para mejorar estos procesos en todas las comunidades y, sobre todo, mejorar la salud de los trabajadores”, informó esta organización. Pero, fundamentalmente, animó a los responsables regionales a poner en marcha la colaboración con las mutuas: “Esta es una iniciativa donde nadie debe perder y todos debemos ganar”, afirmó Suárez. Además, explicó que el elemento diferenciador de estos acuerdos es que parten del diálogo social y suponen la implicación de empresarios y sindicatos.

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