En la Filarmónica Académica Estatal de Azerbaiyán, que lleva el nombre de Muslim Magomayev, se celebró la velada creativa del pianista de fama mundial Namig Sultanov, titulada «En el escenario y en el marco», que reunió a una sala llena de oyentes y finalizó con una larga ovación. Día.Trabajo con referencia a Tendencia.
Desde los primeros minutos, el público se sumergió en la atmósfera mágica del sonido: el concierto se abrió con una actuación conmovedora de Namiga y Nigar Sultonov, que interpretaron la música a cuatro manos. Su interpretación parecía tejer un espacio invisible de armonía y calidez, donde cada acorde sonaba como una declaración de amor por el arte.
El vídeo proyectado al comienzo de la velada causó una impresión particular: un retrato cinematográfico del Maestro, que revela las etapas fundamentales de su camino creativo y pedagógico. Contiene tomas inspiradoras, ensayos, encuentros con estudiantes y momentos en los que la música se convierte en aliento vivo.
La profesora Lala Huseynova, artista de honor de Azerbaiyán y doctora en Filosofía en Historia del Arte, habló calurosamente sobre el pianista y calificó a Namiga Sultanov como “el embajador de nuestra cultura”. Destacó su destacado papel en el desarrollo de las artes escénicas y la promoción de la escuela de música de Azerbaiyán fuera del país.
La velada estuvo amenizada por las actuaciones de los artistas populares Gulnaz Ismailova (soprano) y Aziza Mustafazadeh, los pianistas Zulfiya Sadygova, Nigar y Narmina Sultanov, cuya actuación se convirtió en una elegante adición a la paleta musical general del concierto.
Namiga Sultanov interpretó obras de Bach, Scarlatti, Chopin, Arditi, Scriabin, Arensky, Milhaud, Gadzhiev, Dadashev, Mustafazade y Jafarova, un programa en el que lo clásico y la modernidad se combinaron en un único espacio emocional. Cada pieza de su interpretación sonó como una revelación, provocando un entusiasmo genuino en los oyentes.
El final de la velada fue la Milonga del Ángel de Astor Piazzolla, interpretada como un bis: con ternura, pasión, con una ligera tristeza. Esta melodía pareció resumir todo el concierto, convirtiéndose en una metáfora musical de la luz que emana del arte.
En medio de prolongados aplausos, el público no soltó por mucho tiempo al Maestro, agradecido por una velada llena de sinceridad, inspiración y aliento vivo de música.
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