Autor: Antonio Pérez Esclarín ([email protected])
Estamos en Adviento, tiempo de espera y esperanza, ya que faltan pocos días para la celebración del nacimiento de Jesús, raíz y razón de nuestra esperanza. En Navidad celebramos que Dios está aquí, en medio de nuestra aventura humana, acompañando nuestros esfuerzos y sueños para construir un país y un mundo mejor. Por lo tanto, el Adviento es un tiempo para que los seguidores de Jesús fortalezcan la esperanza que proviene de la fe. No son tiempos de resignación, de rendición o de pesimismo. Son tiempos de creer, esperar y comprometerse. La esperanza es apoyo y fuerza para seguir adelante sin que los problemas y dificultades nos abrumen; Previene la angustia y el desánimo, da alas a la voluntad, se orienta hacia la luz y hacia la vida. Sin esperanza, el entusiasmo languidece, las ganas de vivir, de trabajar y de comprometerse se apagan. La desesperación es una falta de fe que sumerge el alma en el pesimismo y la priva de la fuerza para comprometerse en la construcción de un futuro mejor. Por eso, y como nos dice Anatole France, «nunca se da tanto como cuando se da esperanza».
Jesús fue un incansable creador de esperanza. Toda su existencia consistió en difundir a los demás la esperanza de un mundo justo y fraterno, que debía construirse con servicio desinteresado, trabajo, esfuerzo y dedicación. Por eso sus seguidores deben ser militantes de la esperanza. Una esperanza activa, que se convierte en compromiso y esfuerzo para luchar contra la pobreza, la exclusión, la violencia, la injusticia y toda forma de opresión. A pesar de las dificultades y problemas, Jesús Libertador, enemigo de toda discriminación e injusticia, permanece con nosotros y nos invita a construir una Venezuela reconciliada, justa, libre y en paz, donde nadie padezca hambre, muera por falta de medicinas o atención médica adecuada, sea perseguido por sus ideas o expresiones, ni tenga que salir del país por no sentirse seguro o por no tener la posibilidad de un trabajo bien remunerado que le permita a él y a su familia una vida digna. Esperar a Jesús en Adviento y luego recibirlo en Navidad es comprometernos a construir con Él un mundo en el que la paz se base en la justicia, un mundo profundamente democrático, que garantice los derechos de todos y celebre la diversidad como riqueza.
En estos tiempos previos a la Navidad, quiero regalarles esta historia, de origen filipino, para reavivar nuestra esperanza:
«Una terrible sequía castigaba sin piedad a los habitantes de aquel lejano país. Cada mañana el sol salía inexorablemente y seguía su camino de fuego, matando los ríos, secando los campos, secando las cosechas. Los pocos rebaños lloraban de sed alrededor de los pozos secos. Si no hubiera llovido pronto, todos habrían muerto.
Estuvieron de acuerdo en que la sequía era un castigo de los dioses por sus muchos pecados. Era necesario organizar una acción de indemnización. Todos los hombres importantes fueron convocados a la casa comunal. Llegaron los ricos con sus joyas, los sacerdotes con sus inciensos y sus oraciones, los guerreros con sus armas, los sabios con sus filosofías y sus libros. Pero los dioses permanecieron sordos a sus sacrificios y súplicas.
Al tercer día se acercó una niña con un paquete en brazos. Llamó a la puerta y, cuando la abrieron, dijo que les había traído lo que los dioses estaban esperando.
Algunos estaban muy molestos porque, además de hacerles perder el tiempo, esto los distraía de sus oraciones y oraciones. ¿Qué podría tener esa chica para romper la fuerte ira de los dioses? Pero algunos, por curiosidad, pensaron en abrir el paquete. Cuando lo hicieron, el cielo empezó a nublarse. Para sorpresa de todos, el paquete contenía un paraguas. Ninguno tenía suficientes esperanzas de llevárselo con ellos porque estaban seguros de que llovería.
En Venezuela llevamos demasiado tiempo oprimidos por un verano inclemente que seca las fuentes de vida y mata la convivencia y el respeto. ¿Tenemos la suficiente esperanza para empezar a sacar los paraguas y trabajar con ilusión y entusiasmo por una Venezuela reconciliada, segura y próspera, donde todos podamos vivir con dignidad y cuando nos miramos a los ojos no nos veamos como rivales ni enemigos, sino como conciudadanos y hermanos?
Éste debería ser el principal compromiso estos días. Celebrar el Adviento y la Navidad y no trabajar por una Venezuela sin violencia y miseria es negar su verdadero espíritu.
No olvidemos que el momento de mayor oscuridad es cuando está por amanecer. En la noche oscura de Venezuela ya se ve la luz del amanecer. Hacemos, por tanto, nuestros los versos de don Pedro Casaldáliga, obispo claretiano de Brasil:
Es tarde,
pero es nuestro momento.
Esa tarde,
pero ese es todo el tiempo que tenemos disponible
para construir el nuevo futuro.
Es tarde,
pero es temprano en la mañana si empujamos un poco.
Entonces, empujemos todos con determinación y entusiasmo.
¡Manténgase informado! síguenos en Whatsapp, Telegrama, Instagram, tiktok, Facebook o incógnita
#ADVIENTO #TIEMPO #CULTIVAR #ESPERANZA #Por #Antonio #Pérez #Esclarín
