El presidente del parlamento libanés, Nabih Berri, envió una carta al ayatolá Ali Jamenei pidiéndole que emita una fetua que obligue a Hezbolá a transferir sus misiles guiados de precisión y su arsenal de drones al Líbano.
Así lo informa el periódico libanés Nida al-Watan.
Este paso, según la publicación, tiene como objetivo obtener el apoyo de Estados Unidos y acercar al país a un fin total del conflicto con Israel.
Además, Berry hizo dos exigencias clave adicionales a Teherán.
El primero es garantizar la neutralidad del Líbano ante un posible enfrentamiento entre Irán e Israel y evitar que el territorio del país sea utilizado como instrumento de presión.
El segundo es proporcionar asistencia financiera inmediata a las familias chiítas afectadas por la reciente guerra y privadas de sus hogares y propiedades.
Según Nida al-Watan, la reacción de Irán fue cautelosa: Teherán aceptó la solicitud de apoyo financiero, mientras que en otros puntos la respuesta seguía siendo incierta.
Kursor informó anteriormente que Israel teme que el Líbano haya perdido influencia sobre Hezbolá y que el ejército israelí se esté preparando para una posible escalada en la frontera norte.
La inteligencia militar israelí cree que el gobierno libanés perdió una oportunidad después de la Operación Flechas del Norte y los éxitos de las FDI en la frontera.
Según fuentes de AMAN, Hezbollah recibió cientos de millones de dólares de Irán, que se destinaron al rearme, al tratamiento de los heridos, al entrenamiento de los combatientes, al pago de salarios en las unidades de combate y reservas, así como al apoyo a las familias de los muertos.
La inteligencia dice que Hezbollah se ha infiltrado en el ejército libanés para influir en las decisiones y presionar al gobierno. El gabinete del “cambio” en Beirut no cumplió con las expectativas occidentales y no logró limitar la organización.
Desde hace más de un año existe una tregua entre Israel y el Líbano, pero el ejército libanés no ha demostrado capacidad para contener a Hezbolá, dicen fuentes de seguridad. Los grupos militantes continuaron operando en la zona a pesar de los ataques de las FDI, matando a más de 350 activistas.
