Qué falta para tener una identidad digital europea

Informes recientes de Enrico Letta y Mario Draghi destacan cómo fortalecer el mercado único europeo es vital para relanzar la productividad y la competitividad del continente. Ambos documentos convergen en un mensaje clave: el potencial de crecimiento de Europa depende crucialmente de la eliminación de las barreras internas y de la capacidad de las empresas para operar sin fricciones transfronterizas.

Los datos confirman esta configuración. Algunas estimaciones muestran que las barreras al comercio dentro de la Unión equivalen a un costo ad valorem del 44 por ciento para los bienes manufactureros y del 110 por ciento para los servicios. Si bien estas cifras han sido criticadas, siguen siendo indicativas de un problema más amplio de extralimitación regulatoria en la UE.

En un discurso reciente, el ministro español de Economía, Comercio y Empresas, Carlo Cuerpo, sostuvo que la digitalización puede desempeñar un papel central en el esfuerzo por eliminar barreras y mejorar la integración del mercado europeo.

En particular, un perfil digital para las empresas europeas, integrado en un “portal digital único”, reduciría las fricciones regulatorias y las cargas administrativas, permitiendo a las empresas interactuar con autoridades públicas y socios en cualquier Estado miembro.

La propuesta se basa en dos pilares: el portal único digital y el perfil digital de las empresas. El primero ya existe en papel y se basa en el Reglamento Portal Único Digital (UE) 2018/1724 y en el portal “Tu Europa”, que ofrece acceso a información y a algunos trámites en línea.

Por el momento, sin embargo, el portal tiene una utilidad limitada: las empresas pueden averiguar, por ejemplo, cómo registrar una empresa o abrir un número de IVA en otro país, pero no pueden realizar estas operaciones directamente en la plataforma.

El principal obstáculo para la transformación del portal en una verdadera «ventanilla única» se refiere al segundo elemento de la propuesta de Cuerpo: la ausencia de una identidad digital de las empresas reconocida uniformemente en todos los estados miembros de la UE.

Con este objetivo, la Comisión Europea está trabajando en el reglamento de Identidad Digital Europea (EUDI), cuyo objetivo es permitir una autenticación transfronteriza segura para empresas y particulares.

EUDI se creó ante todo para los ciudadanos, no para las empresas, y de hecho la Comisión sigue siendo bastante vaga sobre los beneficios potenciales de una identidad digital corporativa.

Sin embargo, la EUDI puede desempeñar un papel importante a la hora de apoyar a las empresas y promover una mayor integración del mercado europeo. Por ejemplo, podría ayudar a los empresarios a abrir cuentas bancarias en el extranjero (un paso necesario para iniciar un negocio en otro país) o permitir a las empresas participar en concursos en línea a través de fronteras.

Dada la gran cantidad de marcos regulatorios que ya existen en la UE (desde el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) hasta la Ley de Mercados Digitales (DMA), la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Inteligencia Artificial (IA), una implementación efectiva de EUDI también podría reducir significativamente los costos de transacción para empresas y consumidores, ayudando así a integrar y expandir el mercado digital europeo.

Por lo tanto, por un lado, el EUDI es un ejemplo de regulación que razonablemente puede esperarse que conduzca a la eficiencia: algunas reglas, especialmente en el campo digital, pueden tener un «lado positivo» en términos de costos y beneficios.

Por otro lado, sin embargo, para que la EUDI funcione, los Estados miembros deben acordar un conjunto común de reglas, en particular un protocolo común de ciberseguridad.

Iniciativas similares en el pasado han encontrado dificultades de implementación relacionadas con las diferencias entre los sistemas nacionales de identificación electrónica y su escasa interoperabilidad. EUDI busca superar estas limitaciones exigiendo a los Estados miembros que ofrezcan a los ciudadanos y empresas billeteras digitales basadas en un nuevo protocolo de seguridad armonizado.

Sin embargo, paradójicamente, la aplicación de este protocolo tropieza con obstáculos relacionados con problemas de privacidad que corren el riesgo de entrar en conflicto con las propias normas que la Unión se ha impuesto.

Por ejemplo, un estudio afirma que los algoritmos criptográficos en los que se basa el sistema no son suficientes para garantizar la confidencialidad del usuario. Como resultado, en su configuración actual, las billeteras digitales (el componente básico del EUDI) corren el riesgo de no cumplir plenamente con el RGPD.

El sistema armonizado propuesto por la Comisión debe convencer a los Estados miembros no sólo en términos de protección de la privacidad.

Algunos expertos también plantean dudas sobre la escalabilidad y el riesgo de obsolescencia del sistema. Todos estos factores desalentarán la adopción por parte de los países de la UE y ralentizarán la difusión del proyecto.

A pesar de las meritorias iniciativas emprendidas hasta ahora por la Comisión Europea, una identidad digital plenamente operativa para las empresas (y los ciudadanos) todavía parece lejana.

Hasta que las referencias jurídicas y procesales converjan entre los Estados miembros, especialmente en lo que respecta a la ciberseguridad, las plataformas digitales seguirán siendo interfaces cada vez más sofisticadas construidas sobre sistemas que en realidad siguen sin comunicarse entre sí.

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