El escáner CT son los «ojos» de los médicos dentro del cuerpo humano. Una exploración es suficiente para detectar daños graves en órganos, huesos o vasos, que en la mayoría de los casos no pueden detectarse mediante ningún otro método. En resumen, la TC salva vidas.
Pero ahora parece que también puede salvar… ¡a los arqueólogos! Un interesante estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), publicado en PLOS One, describe cómo la misma tomografía computarizada utilizada en medicina arrojó luz por primera vez sobre los puntos ciegos de la historia humana cuando se utilizó como herramienta en arqueología.
Una «ventana» al pasado
Hace unos 5.000 años, los habitantes de la región del actual Irán comenzaron a extraer cobre de los minerales mediante fundición. Esta importante innovación les proporcionó una nueva y poderosa tecnología y probablemente marcó el comienzo de la metalurgia. Pronto, personas en diversas partes del mundo comenzaron a utilizar cobre y bronce (una aleación de cobre con estaño o incluso con arsénico en la época) para fabricar objetos decorativos, armas, herramientas, etc.
Los arqueólogos han tratado durante mucho tiempo de descubrir cómo los antiguos metalúrgicos producían estos objetos porque, como cualquier innovación tecnológica, reflejaba la organización social, las relaciones comerciales y las prioridades culturales de su época. Sin embargo, tienen a su disposición muy pocos objetos conservados (y especialmente delicados), la mayoría de los cuales pertenecen a colecciones de museos y se conservan con gran cuidado.
Examinar estos objetos en profundidad, intactos y con la precisión necesaria para extraer información histórica significativa es un proceso técnico particularmente difícil. Esto es precisamente lo que empujó a los investigadores a probar métodos de análisis más modernos, capaces de revelar la información correcta, pero sin desgastar los objetos.
Desentrañando los secretos de los antiguos metalúrgicos
Entre los métodos destacó la tomografía computarizada. Con su ayuda, los arqueólogos pudieron examinar objetos icónicos del sitio arqueológico de Tepe Hisar en Irán, revelando los secretos de su estructura y la artesanía de sus creadores.
Es la primera vez que esta técnica se aplica sistemáticamente a la arqueometalurgia, allanando el camino para nuevas metodologías en la investigación de la Edad del Bronce Antiguo. Las escorias (residuos de la fundición y del procesamiento de metales) estudiadas, recogidas en el yacimiento arqueológico y datadas entre el 3.100 y el 2.900 a. C., actúan como una «instantánea» del proceso metalúrgico, ya que atrapan gotas, componentes minerales y huellas de las reacciones que se produjeron durante la cocción del metal.
En colaboración con un laboratorio industrial de Massachusetts, el equipo de investigación realizó escaneos 3D de alta resolución, que revelaron características del material previamente desconocidas. Los escaneos revelaron la presencia de gotas de cobre intactas, al tiempo que permitieron la identificación de huecos formados por burbujas de gas durante el proceso de fabricación, evidencia que ayuda a comprender las temperaturas y prácticas utilizadas por los primeros metalúrgicos.
Se espera que el nuevo enfoque cambie la forma en que los científicos estudian los primeros talleres metalúrgicos de la humanidad y proporcione nuevas pistas sobre el desarrollo de la civilización humana.
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