La cumbre de la Unión Europea en Bruselas, que comenzó el 18 de diciembre, terminó sin llegar a una decisión sobre la confiscación de los activos rusos congelados, en una medida que los medios internacionales consideraron “un fracaso, una división política y un colapso del liderazgo europeo”.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó a su llegada que la cumbre no terminaría hasta que se resolviera la cuestión de la financiación de Ucrania, una de cuyas opciones era confiscar los activos rusos al amparo de un programa de “préstamos de compensación”.
Sin embargo, los líderes concluyeron la cumbre el viernes por la tarde decidiendo conceder a Ucrania un préstamo sin intereses de 90.000 millones de euros a través del mecanismo de préstamos colectivos de la UE, manteniendo los activos rusos congelados sin ningún embargo.
Los medios destacaron la decisión como un golpe político para el jefe de la Comisión y el canciller alemán, Friedrich Merz, ya que los dirigentes no lograron implementar el plan impulsado por ambos.
El New York Times describió la decisión como un “colapso político” de los dirigentes europeos, mientras que el Handelsblatt alemán indicó que el reembolso de futuros préstamos por parte de activos rusos “no estaba garantizado” y que la cumbre simplemente había pospuesto la resolución de la cuestión.
El Financial Times citó a diplomáticos europeos diciendo que Francia e Italia desempeñaron un papel importante en la discusión del plan y que la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, era el «principal obstáculo» para la expropiación, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, expresó dudas sobre el apoyo de su parlamento al plan, lo que contribuyó a la complejidad del proyecto.
Por otro lado, el gobierno británico anunció su negativa a tomar medidas unilaterales para confiscar activos rusos, subrayando la cooperación continua con el G7 y la Unión Europea para brindar apoyo financiero a Ucrania.
Londres acordó proporcionar garantías crediticias por valor de 2 mil millones de dólares a través del Banco Mundial a principios de 2026, además de comprometerse a aportar 3 mil millones de libras esterlinas al año para apoyar militarmente a Ucrania hasta 2030.
Estos acontecimientos se producen después de que el Banco Central ruso presentara una demanda contra la plataforma belga “Euroclear”, que posee alrededor de 180 mil millones de euros en activos congelados, advirtiendo que cualquier decisión de confiscación “socava el pilar fundamental del funcionamiento del sistema financiero internacional”.
En otra medida, Rusia anunció el fin de una serie de acuerdos militares con Alemania, Polonia, Noruega y otros países occidentales, como parte de una reevaluación de sus obligaciones en consonancia con sus intereses nacionales.
Los acuerdos incluyen la cooperación militar concluida en la década de 1990, incluidos memorandos de entendimiento y acuerdos bilaterales con Gran Bretaña, Rumania, Dinamarca, los Países Bajos, Croacia, Bélgica y la República Checa.
Respecto a la crisis ucraniana, el representante estadounidense ante la OTAN, Matthew Whitaker, advirtió de la necesidad de que Ucrania se prepare para la continuación de la guerra hasta 2026, subrayando que aún no se ha alcanzado una solución de paz y que los combates podrían continuar hasta el invierno.
Mientras tanto, la administración del presidente estadounidense Donald Trump anunció un plan para resolver la crisis, subrayando su continuo apoyo a Ucrania, mientras que el Kremlin subrayó su posición firme basada en las decisiones de la cumbre Putin-Trump celebrada en Alaska el verano pasado.
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