El PC habla de «amplia movilización» y abre el debate sobre la futura oposición a José Antonio Kast

En plena cuenta atrás para el cambio de mando, la izquierda ha vuelto a entrar en modo debate interno. Esta vez el detonante fue el Partido Comunista, que tras su último Comité Central dejó por escrito una definición clara: ante el gobierno entrante de José Antonio Kast, el PC quiere volver a las calles. La movilización social, el trabajo de masas sostenido y las fechas simbólicas -como el 8 de marzo y el 1 de mayo- aparecen como los ejes de una estrategia opositora que busca recuperar importancia territorial y social.

El documento, publicado esta semana, habla de “Articular un pueblo organizado, movilizado y consciente de sus intereses” y promover etapas claves de “movilización amplia y unida” como respuesta democrática a posibles retrocesos en los derechos sociales. El mensaje no pasó desapercibido y rápidamente generó reacciones tanto en la derecha como dentro del propio partido de gobierno, justo cuando faltan 75 días para que Kast asuma su cargo en La Moneda.

Desde el socialismo democrático el tono ha sido de cautela. El diputado socialista Raúl Leiva advirtió que, si bien la protesta es un derecho constitucional, el momento y la señal no ayudan: convocar a una movilización masiva antes del inicio de un nuevo gobierno puede interpretarse de manera negativa. En la misma línea, según las instrucciones el terceroEl jefe del grupo senatorial del PS, Juan Luis Castro, fue directo: una cosa es defender los derechos sociales y otra transformar la agitación social en un método central de acción política. Para él, la izquierda enfrenta un verdadero dilema sobre qué tipo de oposición quiere construir.

El debate también cruzó al PPD. El senador Pedro Araya subrayó la distinción entre movilización con demandas transversales y el uso de la protesta como reacción a resultados electorales no deseados. En su opinión, la democracia se fortalece con responsabilidad política y propuestas de futuro, no con un clima de confrontación permanente.

Jaime Quintana, timonel del PPD, también bajó el volumen: no ve «llamados insurreccionales» y subrayó que estas fechas requieren de actores sociales más allá de los partidos.

En los demócratas cristianos el diagnóstico fue similar. El vicepresidente de la Cámara, Eric Aedo, invitó al PC a tener cuidado y no utilizar las movilizaciones como herramienta para desestabilizar a los gobiernos, trazando una línea clara entre oposición y violencia.

En la derecha las críticas fueron más duras. El diputado de la UDI, Henry Leal, acusó al PC de recurrir históricamente al malestar social para desestabilizar gobiernos y calificó ese comportamiento de autoritario. Un discurso que el propio PC salió a desmentir.

Según las instrucciones CooperativaEl diputado Luis Cuello defendió el recurso asegurando que la polémica es artificial y que se intenta estigmatizar a la ciudadanía organizada. Para él, una oposición socialmente anclada es clave para defender el progreso y evitar retrocesos.

En el Frente Amplio el consejo optó por el silencio, pero el líder del grupo, Jaime Sáez, respaldó el llamado comunista, argumentando que la unidad social es la clave para enfrentar un posible giro autoritario y un retroceso de derechos.

En La Moneda, el ministro del Interior, Álvaro Elizalde, evitó entrar en el fondo del debate, pero recordó un principio fundamental: el derecho a manifestarse es legítimo, siempre que sea pacífico. Además, ante las dudas sobre el futuro del bloque tras el gobierno de Boric, insistió en la necesidad de una unidad lo más amplia posible de los sectores progresistas.

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