Nada más llegar a la Casa Blanca, Donald Trump cumplió sus amenazas electorales con una serie de golpes: declaró una emergencia nacional en la frontera, calificó a los cárteles de grupos terroristas y anunció aranceles inminentes a su vecino del sur. “A México no le gustará esto, pero ellos nos necesitan más que nosotros a ellos”, dijo entonces el magnate republicano con su habitual tono de soberbia y provocación. La respuesta de México no fue inmediata. La presidenta Claudia Sheinbaum esperó hasta el día siguiente, intentando desde el principio dictar su propio ritmo y evitar las trampas republicanas. Finalmente, en La Mañanera, el 21 de enero, el presidente llamó a la calma, restó importancia a la gravedad de los golpes, explicó que prácticamente lo esperaban y concluyó con una expresión que con el tiempo se ha convertido en lema de gobierno este año: “Es importante tener la mente fría”.
La estrategia de “cabeza fría” ha trascendido la política exterior, abrumadoramente dominada por la turbulenta relación con el vecino del norte, y le ha valido al presidente elogios de los grandes empresarios, la oposición y la prensa internacional. La combinación de prudencia y firmeza fue una de las señas personales de Sheinbaum, junto con su formación y trayectoria científica, a lo largo de su carrera política. Como presidente, continuó con este estilo durante su primer año en el cargo. Desde la estrategia de seguridad hasta la gestión de una economía en contracción, pasando por el reemplazo del fiscal general, los escándalos de corrupción que sacuden las altas esferas del gobierno y, por supuesto, la avalancha de Donald Trump, con derivados internos en múltiples frentes.
La guerra comercial desatada por el presidente republicano ha puesto al mundo entero en dificultades. En cualquier caso, el saldo con México es menos gravoso que el promedio en comparación con otros países. El T-MEC, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, proporcionó una protección considerable. En un contexto en el que casi un tercio de las exportaciones mexicanas tienen como destino su vecino del norte, sólo los pocos productos no tratados están sujetos al arancel del 25%. También quedan excluidos el acero y el aluminio, que tienen un impuesto del 50%. Mantener la protección del T-MEC es una de las prioridades de la política comercial de México antes de la renovación del tratado prevista para el próximo año. En un gesto de buena voluntad, Sheinbaum viajó a Washington en diciembre pasado para tener su primer y breve encuentro cara a cara con Trump.
Una renovación beneficiosa del T-MEC se vuelve aún más importante en medio de la anemia económica de México, que evitó por poco la resolución a finales de año. Consciente de la importancia de las señales en tiempos de incertidumbre, Sheinbaum envió un mensaje de determinación al presentar sus primeros presupuestos a principios de año, apenas un mes después de llegar al poder. Los proyectos de ley incluyen más dinero para Sanidad y Educación, sin perder peso en la parte dedicada a subsidios, la palanca más eficaz por ahora -junto a las subidas del salario mínimo- para seguir en la senda de la reducción de la pobreza. Pero el gesto más fuerte fue el recorte planeado del déficit, que había aumentado marcadamente durante los seis años anteriores. El mensaje, una prioridad personal del presidente, pretendía calmar a los mercados en medio de la caída del consumo y la inversión, debido, entre otras cosas, a la caída de las remesas desde Estados Unidos, la disminución de la inmigración y la expulsión de mexicanos por las políticas agresivas de Trump.
La agenda económica es una de las más sensibles a las relaciones bilaterales, seguida de la seguridad. La clasificación de los cárteles como organizaciones terroristas, los drones militares que vuelan sobre aguas mexicanas y la reciente designación del fentanilo como “arma de destrucción masiva” son medidas que abren la puerta a una posible incursión militar estadounidense en México. La respuesta del gobierno de Sheinbaum, además de alzar la voz ante las amenazas de intervención en Venezuela bajo el pretexto del narcotráfico, ha sido un aumento de las detenciones e incautaciones de drogas, así como el envío de decenas de líderes mafiosos del narcotráfico a prisiones estadounidenses.
La estrategia de seguridad fue uno de los cambios más notables en comparación con el anterior mandato de seis años. Con una política de comunicación muy activa, hay casi 40 mil presos y una reducción de asesinatos del 37%. Aunque los episodios de terror siguieron ocurriendo. Como los cientos de bolsas con restos humanos encontradas en Jalisco, el asesinato en Michoacán del popular alcalde de Uruapan, o la proliferación de centros de formación del crimen organizado, alimentados por jóvenes reclutados mediante engaños y torturas para acabar convertidos en sicarios, en carne de cañón.
El caso de la estancia Teuchitlán, uno de los centros de reclutamiento forzoso, fue uno de los últimos actos de servicio del fiscal general. Alejandro Gertz Manero se presentó para negar que se tratara de un centro de exterminio como afirmaban los grupos de investigación. La salida de Gertz, un lobo político de 86 años, fue otro ejemplo de esa combinación de mano siniestra y determinación por parte del presidente. Después de años de cuestionamientos, expedientes estancados, filtraciones, luchas internas y un sentimiento generalizado de impunidad, Sheinbaum renunció tras arduas negociaciones. El reemplazo en la Fiscalía General representa la medida más audaz de la presidenta Claudia Sheinbaum desde que llegó al poder. El nombramiento de Ernestina Godoy, aliada histórica y figura central de su entorno político, es un duro golpe, una señal de que Sheinbaum ha optado por tomar el control directo del aparato judicial mexicano.
La salida de Gertz también significa más poder para el Secretario de Seguridad, quien ha colocado a muchos de sus ejecutivos más confiables en puestos clave en la fiscalía, como es el caso de otros puestos clave en el aparato de seguridad. Omar García Harfuch, coordinador del Gabinete de Seguridad e interlocutor directo de sus homólogos estadounidenses, actualmente sólo carece de control territorial de los militares. El presidente Sheinbaum está apostando fuerte por su zar de seguridad, lo que ha causado algunas fricciones con los militares, que han ganado mucho poder durante los últimos años de militarización de facto de la seguridad pública mexicana.
El ejército, por ejemplo, es responsable de las aduanas del país. Y aquí es donde se produjo el mayor caso de corrupción hasta el momento. Una mega conspiración para el contrabando de combustible, el llamado huachicol, incrustada en las altas esferas de la Armada. Casi al mismo tiempo se descubrió otro escándalo. El jefe de policía de Tabasco era al mismo tiempo líder local del cartel Jalisco Nueva Generación, una de las mafias más grandes. El caso tiene aún más sustancia porque el gobernador que lo nombró es Adán Augusto López, ahora jefe de los senadores morenistas y uno de los operadores más influyentes y eficaces del morinismo, pese a algunos desacuerdos con la agenda del presidente. La polémica en torno al senador creció cuando este verano se reveló que disponía de unos ingresos millonarios que no presentó en su declaración patrimonial ante el Parlamento.
Sheinbaum ha manejado estos escándalos enviando, por un lado, señales de firmeza contra la corrupción y, por el otro, mensajes de cautela hasta que avancen las investigaciones judiciales. Una estrategia que intentó marcar el ritmo dando respuestas rápidas y contundentes, consciente del coste potencial para su principal capital político: la renovación de las instituciones. A finales de 2025, el presidente mantiene un alto nivel de consenso, pero empieza a sufrir el desgaste del gobierno, principalmente por la crisis de seguridad, los casos de corrupción y las manifestaciones alentadas por jóvenes y líderes de la oposición. La tasa de apoyo, 74%, sigue siendo muy alta en comparación con la de sus predecesores, pero es la más baja desde el comienzo de su administración.
