Las fronteras de Burundi con Ruanda están oficialmente cerradas desde hace varios años. A esta situación ya grave se suma el cierre de las fronteras con la República Democrática del Congo (RDC) a partir de diciembre de 2025 en un contexto regional marcado por la intensificación de las tensiones de seguridad y los conflictos armados en el este congoleño. Si bien las autoridades generalmente destacan los imperativos diplomáticos y de seguridad para justificar estas decisiones, las repercusiones económicas de un cierre tan prolongado parecen, para muchos observadores, inevitables y preocupantes.
Faustin Ndikumana, director nacional de la organización Parole et Action pour le Réveil des Consciences et l’Évolution des Mentalités (PARCEM), señala que en un contexto en el que las fronteras norte y oeste de Burundi ya están cerradas, cualquier inestabilidad en Tanzania podría poner a Burundi en una situación comparable a un embargo.
Esta preocupación se vio reforzada tras las declaraciones realizadas a la prensa el 2 de enero de 2026 por el secretario general del partido gobernante, el CNDD-FDD, Révérien Ndikuriyo. Indicó que las fronteras que Burundi comparte con la República Democrática del Congo sólo se reabrirán al mismo tiempo que las de Ruanda, dejando claro que no está prevista ninguna reapertura a corto plazo. Una perspectiva que, para la ya frágil economía burundesa, plantea muchas preguntas.
Para el economista Faustin Ndikumana, director nacional de la organización Parole et Action pour le Réveil des Consciences et l’Evolution des Mentalités (PARCEM), la toma de la ciudad de Uvira por el movimiento M23 constituye un importante punto de inflexión que ha cambiado profundamente el contexto político, de seguridad y económico de la subregión. Según él, las consecuencias para Burundi son inmediatas y múltiples, especialmente a nivel económico. En primer lugar, subraya la ruptura de las relaciones entre Burundi y la República Democrática del Congo, una situación que define como atípica, marcada por el cierre de la frontera y los riesgos que entraña tanto a nivel de seguridad como político y diplomático.
Faustin Ndikumana recuerda que las relaciones entre Burundi y la República Democrática del Congo se desarrollan principalmente a través de las provincias fronterizas congoleñas, en particular Kivu del Sur y Kivu del Norte. Son estas entidades territoriales las que dan una realidad tangible a las relaciones bilaterales entre los dos países. Por lo tanto, el hecho de que el gobierno de Kinshasa ya no ejerza un control efectivo sobre algunas zonas de estas provincias crea una situación sin precedentes, que complica significativamente las relaciones político-diplomáticas entre Bujumbura y Kinshasa.
Burundi y la República Democrática del Congo tienen un pasado común
Más allá de las cuestiones inmediatas, el economista Ndikumana insiste en la naturaleza histórica y multifacética de las relaciones entre los dos países. Burundi y la República Democrática del Congo comparten un pasado común, en particular una historia colonial marcada por los mismos poderes administrativos, una proximidad lingüística con el uso del francés como lengua oficial y una membresía común en diferentes organizaciones regionales. Menciona en particular a la CEPGL, la CEAC, el COMESA y la Comunidad de África Oriental (ECA), todos ellos organismos que deberían promover la cooperación económica y la integración regional.
Sin embargo, según Faustin Ndikumana, el cierre de fronteras ya está destruyendo los dividendos que Burundi obtenía de estas organizaciones. Menciona en particular proyectos de estructuración en el ámbito de las infraestructuras, como los vinculados a la explotación hidroeléctrica de la cuenca de Ruzizi a través de Ruzizi I, Ruzizi II y la empresa SINELAC. Esta zona, integrada en la cuenca del Nilo, tiene un potencial hidroeléctrico estimado en casi 100.000 megavatios e importantes reservas de gas metano estimadas en más de 50 mil millones de metros cúbicos. Un potencial energético considerable del que Burundi debería poder beneficiarse. A esto se suman proyectos en el sector del transporte, como el ferrocarril en curso destinado a conectar Burundi, Tanzania y la República Democrática del Congo, que ahora se ven seriamente comprometidos por el deterioro del contexto de seguridad.
Comercio transfronterizo plano
El comercio transfronterizo es otro sector muy afectado. Burundi mantiene tradicionalmente un intenso comercio con la República Democrática del Congo. Los comerciantes congoleños visitaban regularmente Bujumbura, mientras que sus homólogos burundeses hacían negocios en Uvira y otros centros urbanos cercanos a la frontera. Por tanto, el cierre de las fronteras provoca una disminución de la demanda de los operadores congoleños que han desempeñado un papel importante en la economía local, en particular mediante el suministro de divisas, principalmente en dólares estadounidenses. Estos flujos han ayudado a abastecer de divisas al mercado local y han convertido a Bujumbura en un verdadero centro para el comercio con el este de la República Democrática del Congo.
Por el lado de las exportaciones, el impacto es igualmente significativo. Según los análisis citados por Ndikumana, más del 60% de los productos manufacturados de Burundi se exportan a la República Democrática del Congo. Por lo tanto, el cierre de la frontera perturba directamente estas exportaciones y priva al país de los ingresos en divisas resultantes. Esta situación corre el riesgo de agravar aún más la fragilidad del mercado de divisas de Burundi, que ya se enfrenta a fuertes tensiones estructurales.
El economista destaca también un aspecto a menudo poco mencionado: el papel que algunas zonas fronterizas de la RDC han tenido en el suministro informal de combustible a Burundi. Aunque estos intercambios se realizaron de forma clandestina, afirmó que constituyeron una ayuda importante para aliviar la escasez recurrente de combustible y garantizar el funcionamiento de los vehículos de motor. A esto se suman los movimientos de mano de obra y de personas, con burundeses trabajando en la RDC y congoleños alojados en Burundi, especialmente en hoteles, contribuyendo así a la revitalización de la economía local.
Para Ndikumana, un país como Burundi, sin salida al mar, densamente poblado y económicamente vulnerable, debe considerar a la RDC como una oportunidad estratégica, un verdadero soplo de aire fresco que le permita fortalecer la integración regional y promover transformaciones sociales y económicas duraderas que garanticen la estabilidad política y el acercamiento entre los pueblos. Sin embargo, los cierres prolongados de fronteras ahora están poniendo en duda esta dinámica.
¿Qué pasaría si Tanzania también se sorprendiera?
El economista también advierte de un escenario aún más preocupante. Si Tanzania experimentara serias dificultades o una crisis política grave, la situación en Burundi se complicaría significativamente. Los principales corredores de suministro del país, ya sea el Corredor Norte, el Corredor Sur o el Corredor Central, pasan en gran medida por Tanzania. Una interrupción de estos ejes dejaría a Burundi prácticamente aislado.
En un contexto en el que las fronteras norte y oeste del país ya están cerradas, la inestabilidad de Tanzania colocaría a Burundi en una situación comparable a un embargo de facto, comparable a la vivida en 1996. Ante este riesgo, Ndikumana invita a las autoridades burundesas a evitar cualquier actitud o comportamiento que pueda alimentar una escalada de tensiones. Subraya que la presencia del M23 en Uvira, a menos de 50 kilómetros de Bujumbura, capital económica de Burundi, constituye una grave amenaza. Según él, sin un enfoque basado en el diálogo y la reducción de la tensión, la situación podría deteriorarse rápidamente.
Finalmente, recuerda que el aeropuerto internacional Melchior Ndadaye sigue siendo el principal instrumento para la apertura del país en un contexto de cierre de fronteras terrestres. Cualquier deterioro de la situación de seguridad que afecte a esta infraestructura estratégica tendría consecuencias dramáticas para Burundi. Para el economista, el país debe afrontar ahora la nueva realidad regional con claridad, objetividad y pragmatismo, favoreciendo opciones políticas capaces de preservar la estabilidad económica y social.
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