Sentado a su lado estaba Maxi, su técnico inseparable, el que rebuscaba en archivos, ministerios, departamentos o registros hasta encontrar la documentación necesaria para sustentar las denuncias públicas de Nolla. No me vieron venir. Se habló de una planta contaminante en las afueras de Madrid. Me quedé en silencio en la puerta escuchando. La mesa estaba cubierta de informes, fotografías y gráficos de aquel monstruo de las chimeneas humeantes y amenazantes.
«HOLA». «HOLA». «HOLA». Fue el comienzo de una larga amistad basada en la confianza mutua. Nunca intentó engañarme. Nunca intentó venderme lo que llamamos los periodistas”yo pesco Podrido.» Nunca me pidió que apareciera en los periódicos. Era simplemente un funcionario público que trabajaba para su partido y para los madrileños. Día y noche. De enero a diciembre. Sus denuncias fueron golpes indiscutibles contra el Gobierno regional del PP.
En 2001 denunció que la modificación de la Ley del Suelo permitía la reclasificación de la Ciudad Deportiva del Real Madrid y ello suponía un duro golpe para el club. La noticia tuvo, como todo en el fútbol, una enorme repercusión. Unos días después, pasé por su oficina. El hombre barbudo, siempre sonriente y educado, parecía extremadamente enojado esa mañana. «Pues no te cuento que Florentino Pérez me envió dos entradas para el escenario de Madrid. Las dejaron en el tejado de mi despacho. ¿Sabes lo que te digo? Las rompo enseguida. ¿Pero qué se cree que soy? No tiene vergüenza, y menos los que las cogen. Porque aquí muchos se quedan con las entradas, lo sé». Y frente a mí transformó esos deseables billetes en confeti blanco.
Nolla, siempre impecablemente vestido con traje y corbata bien planchados, fue el gran investigador de los socialistas madrileños en todas las legislaturas desde 1995. Hombre de confianza del entonces secretario general, Rafael Simancas, le armó de argumentos técnicos irrefutables contra las políticas del Gobierno popular en el poder. Básicamente, datos y más datos. Las denuncias del PSOE por el vergonzoso robo del Ejecutivo en Simancas por parte de dos diputados socialistas que huyeron para que Esperanza Aguirre llegara a la presidencia o los casos Cinturón Sí púnico Se basaron en documentación inapelable que este funcionario de carrera acumuló, analizó y deconstruyó hasta encontrar la verdad y ofrecerla a la ciudadanía.
Pasaron los años, dejé el periodismo político y entré al mundo de la cultura. Él me siguió en las redes sociales y yo lo seguí. Sabía muy bien que yo había abjurado y renunciado a la actual política socialista y que mis comentarios eran ofensivos. A veces desagradable. Él nunca me regañó. En algunas ocasiones incluso le dio «me gusta» a mis artículos de arqueología sobre X o me envió un «Feliz año nuevo, Vicente» por WhatsApp.
Socialista incorruptible, funcionario público íntegro y convencido, trabajador inagotable, fue sobre todo un ejemplo para los parlamentarios de hoy y un motivo de orgullo para los madrileños, votaran por él o no. Doy fe. Y, sobre todo, era una bella persona y un político incomparable. De los cuales no hay tantos y que se echan mucho de menos durante los periodos de mudanza.
