Se levanta parte del velo sobre el tráfico de huesos

Los huesos humanos cremados pueden, en determinadas condiciones industriales, servir como fuente de carbono para la fabricación de diamantes sintéticos, una hipótesis propuesta para arrojar luz sobre el tráfico de restos mortales.

El profesor Richard Ramaroson revela cómo los huesos pueden convertirse en diamantes sintéticos.

El profesor Richard Ramaroson presentó ayer en Tsimbazaza una explicación científica que podría arrojar nueva luz sobre el robo de huesos humanos en Madagascar. Según él, los huesos cremados contienen carbono y nitrógeno, dos elementos implicados en los procesos de cristalización del diamante sintético. Sometido a presiones que pueden alcanzar el equivalente a 60.000 bar y a temperaturas de entre 2.000 y 3.000 grados durante varias semanas, este carbono puede transformarse en grafito o en una estructura cristalina.

Al retener aproximadamente un 3% de nitrógeno es posible obtener diamantes con tonalidad ámbar; eliminando esta impureza e introduciendo otros elementos se pueden producir diamantes azules.

Estos diamantes, cuyo valor se estima entre 3.000 y 4.000 dólares, tienen propiedades físicas comparables a las de las piedras naturales. Pero la cuestión no se limita a las joyas: el carbono de los huesos humanos también puede utilizarse en la producción de tecnologías de vanguardia, en particular en el campo del láser, la computación cuántica y la investigación avanzada.

Histórico

Esta hipótesis científica fue propuesta durante una conferencia-debate organizada por la Academia Nacional de las Artes, las Letras y las Ciencias, bajo la presidencia de la profesora Irène Rabenoro, en presencia del ex Ministro de Justicia, Noro Harimisa Razafindrakoto, actualmente asesor técnico del Primer Ministro. La magistrada Nelly Rakotobe Ralambondrainy y el profesor-investigador Dr. Bako Rasoarifetra han rastreado la historia de este tráfico, que a lo largo de las décadas se ha convertido gradualmente en algo común.

El primer caso llevado ante los tribunales se remonta a 1989, en Maroantsetra, seguido de casos registrados en Toamasina en 1994 y 1995. El fenómeno alcanzó su punto máximo entre 2000 y 2008: 221 personas fueron encarceladas, pero sólo cuarenta y tres fueron condenadas. Más recientemente, en 2025, se registraron cuarenta y cinco casos en la provincia de Antananarivo.

Los testimonios del profesor Raymond Ranjeva recuerdan que ya en 1957 las tumbas ya habían sido atacadas. Los ladrones buscaban en particular perlas enterradas con el difunto, que luego eran revendidas en Analakely. Para una parte del público, estos actos constituyen un grave ataque a la memoria colectiva y a la identidad cultural.

Después de varios años de investigación, los investigadores reconocen que aún quedan muchas zonas grises. Sin embargo, las explicaciones del profesor Ramaroson abren un camino. Detrás de las repetidas profanaciones de tumbas podría surgir la existencia de un sector orientado a usos industriales, en el que los huesos humanos se conviertan en una materia prima escasa. Lo que a primera vista parece un crimen contra la memoria de los antepasados podría ser, por tanto, una explotación con desafíos tecnológicos globales.

hay leo

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