Violencia: es más que una herida, es una enfermedad a tratar

No es sólo un ojo morado o una herida sangrante. La violencia es un «veneno» que altera el ADN, altera el sistema nervioso y se transmite, casi como si fuera contagioso, de generación en generación. En definitiva, es una enfermedad y, como tal, hay que tratarla. Por ello es necesario transformar radicalmente la forma en que la sanidad aborda el maltrato, ya sea fruto de la violencia entre pares en la escuela, entre dos adultos dentro del hogar o por actitudes de negligencia, abandono y abandono de las personas más frágiles.

Un grupo de científicos y académicos ha elaborado un documento programático llamado «Carta de Padua» que propone una herramienta concreta para reforzar el compromiso de la sociedad civil frente a un fenómeno creciente, transformador y todavía en gran medida subestimado.

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Voltear la perspectiva

Hasta ahora, la medicina a menudo ha considerado la violencia como un daño físico, un corte o una fractura, que debe repararse. “La Carta de Padua, sin embargo, invierte la perspectiva: la violencia es una entidad nosológica compleja”, explica Giorgio Perilongoprofesor de Pediatría de la Universidad de Padua y portavoz de los autores del documento. “Presenta, de hecho, características biológicas y clínicas precisas”, añade. La violencia no sólo se compone de traumas físicos, sino también de profundas alteraciones del eje del estrés. En esencia, eleva los niveles de estrés y hace reaccionar nuestros mecanismos metabólicos y endocrinológicos.

La violencia, entonces, es «contagiosa» y hereditaria: a menudo quienes abusan han sido ellos mismos víctimas. La violencia puede extenderse dentro de las familias como un fenómeno relacional. E incluso los comienzos pueden ser sutiles. De hecho, a menudo los signos son inespecíficos (como una desviación del estado de ánimo o una desaceleración del desarrollo) y requieren un diagnóstico temprano y «preciso».

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Un fenómeno “huérfano”

A pesar de ser una prioridad para la Organización Mundial de la Salud, la violencia en Italia sigue siendo un fenómeno «huérfano»: faltan ciertos datos epidemiológicos, personal experto y centros hospitalarios estructurados de referencia. Por lo tanto, el objetivo de la Carta es colmar este vacío mediante un enfoque sanitario integrado. Como él reitera Daniela MapelliPara el rector de la Universidad de Padua, considerar la violencia como un determinante de la salud significa «superar la fragmentación y construir respuestas integradas basadas en la colaboración entre la salud, las universidades, la justicia y los servicios locales».

El plan de acción

La propuesta prevé acciones concretas en múltiples niveles, desde el académico al institucional hasta un nivel más operativo. Los firmantes del documento piden, por ejemplo, incluir módulos específicos en los cursos de Medicina y Profesiones Sanitarias. “La formación universitaria, así como la formación y la educación general, son fundamentales para cambiar el discurso de la violencia, incluyendo así también el aspecto sanitario y no sólo el jurídico”, subraya Perilongo.

Los autores también piden a las instituciones que incluyan la violencia en los Planes Nacionales de Salud como una cuestión de salud pública, asignando recursos adecuados. “Es necesario crecer en el bagaje experiencial, cultural y relacional de los trabajadores de la salud para poder captar los indicadores de violencia”, advierte Perilongo. Finalmente, la Carta de Padua pide la creación de equipos multidisciplinares y espacios específicos que garanticen la continuidad entre el hospital y el territorio.

El llamamiento a la dignidad

La Carta de Padua 2026 representa un llamado a la participación y la responsabilidad. No es sólo una cuestión clínica, sino humana. Cuidar la salud significa, en definitiva, «cuidar la dignidad y la vida de las personas – declara Mapelli -. La violencia es una realidad que atraviesa la sociedad y deja huellas profundas en la vida de las personas, en sus cuerpos, en su salud, a menudo mucho antes de que nadie pueda darle un nombre». Según Mapelli, hablar de violencia y salud significa afrontar el sufrimiento que entra cada día en los servicios y en las urgencias, pero que «no siempre son reconocidos como lo que son».

Por ello la Universidad asume la responsabilidad de transformar el conocimiento en acción. “La Universidad es el lugar donde el conocimiento cuestiona la realidad, incluso cuando ésta es incómoda, dolorosa y compleja, y es el lugar donde el conocimiento se transforma en responsabilidad”, concluye el rector.

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