El Benfica de Mourinho puso en cuarentena el efecto Arbeloa y frenó el crecimiento del Real Madrid. Volvió la versión blanda y desarticulada del equipo blanco, perdiendo todos los duelos, que recuerdan a los partidos del Metropolitano o Anfield. Fue de mal en peor un partido que empezaba a ganar y perder merecidamente, llegando incluso a encajar un gol del portero contrario, Trubin, en el minuto 98, cuando los madridistas ya estaban abajo -9 por las expulsiones de Asencio y Rodrygo. En Da Luz, donde consiguió la gloria europea, y ante ‘O Glorioso’, la Real se despidió del top 8 mostrando todos sus defectos. Que no son pocos.
El Benfica fue fiel al estilo Mourinho. Un equipo serio, agresivo y que lo da todo en cada duelo. El ardor encarnado y la tormenta hicieron palidecer a un Madrid que recordaba los partidos del pasado. Frágil sin balón, impreciso con él. En media hora, Glorioso acumuló un puñado de ocasiones, desde el disparo de Prestianni que tuvo que salvar Courtois en el larguero, hasta el rebote de Araújo tras un saque de esquina que casi acaba en la red. No se tiene en cuenta el penalti pitado por Massa al ver derribado a Bellingham en lo que había sido un rebote. Lo anuló, pasó el VAR y Mou ardió en llamas. Sus asistentes tuvieron que sujetarlo.
El caso es que la Real amenazó con salir por la izquierda, en una aparición de Bellingham, pero acertó por la derecha. Tras una larga posesión del balón, tras media hora de fallo, la acción lleva a Asencio al interior derecho. El central sirvió un balón medido para la entrada de Mbappé, que cabeceó a la red.
Así que el gol llegó antes del partido y durante unos minutos, cinco, el Real Madrid pareció dominar el duelo. Trubin incluso desvió un bonito cabezazo de Asencio tras un córner. Pero el Real Madrid no es el equipo de Mourinho, y por eso con la ventaja y la posesión del balón le bastó una derrota para desencadenar el contraataque, se le resbaló a Pavlidis Asencio, dos veces, y un estupendo centro del griego encontró la cabeza de Schjenderup. El mismo que cuatro minutos después marcó el 2-1. Valverde lo salva entre los palos con un muslo. Y en el siguiente córner Barreiro, completamente solo en el segundo palo, remata de cabeza al exterior de la red.
El Benfica mereció irse al descanso con ventaja gracias a su fútbol. Con Vinicius castigado por la intimidante defensa de Dedic y Prestianni, y con Mastantuono incorrecto con el balón, Courtois parece salvar de nuevo el segundo tras un disparo de Dedic, que no es perseguido por nadie. Pero fue en otro córner que Otamendi aprovechó toda su experiencia para detener el penalti de Tchouaméni. Ambos se agarran, el argentino se cubre bien y se deja caer para que Massa, debilitado por un partido complicado, pueda ejecutar el penalti. Pavlidis marcó y el Real Madrid se marchó al descanso agradecido de no haber entrado en apuros al vestuario.
Esta vez Arbeloa no hizo cambios en el descanso, pero su equipo parecía estar más concentrado. De hecho, fue el primero en recibir un centro de Mbappé que no logró cabecear Vinicius. Pero el Benfica sólo tuvo que ajustar la presión para recuperar la iniciativa. Perdonó a Pavlidis tras la derrota ante Mastantuono, afirmó. Y en otro rápido arranque del ataque benfiquista, Schjenderup recibió por izquierda, Asencio midió y el noruego sorprendió con un disparo certero desde el córner corto. Los 8 primeros, en grave peligro.
Es cierto que la respuesta del Real Madrid no se hizo esperar. Entra Camavinga, para evidente enfado de Tchouaméni, y Rodrygo, que se suma a Arda Güler en ataque por la derecha, retrasa el centro y Mbappé remata limpiamente. Quedaba media hora para limpiar el desorden. Pero ya era tarde. Cuando quiso igualar la intensidad, el Benfica ya volaba. Arbeloa hizo un triple cambio y Güler, que estaba a punto de sacar el córner, se volvió hacia él. Es imposible complacer a todos. El Real Madrid sumó algunas ocasiones, eso sí, con un par de disparos lejanos de Trubin.
El duelo Da Luz estaba claramente en desventaja, debido al retraso en el regreso a las canchas de ambos equipos. Lo que sabe Mourinho. Courtois, de Barreiro, salvó uno a quemarropa y el Real Madrid se desplomó en los minutos finales. Asencio vio su segunda tarjeta amarilla, Rodrygo se ganó otro doblete como protesta y Camavinga concluyó el último ataque blanco con un absurdo centro frontal. En la respuesta, Massa pitó una falta inexistente de Bellingham, Mourinho mandó rematar al portero y en el 98 Trubin superó a Courtois en la misma portería donde recibió el gol de Ramos. De cabeza. La historia es caprichosa. La etapa donde Arbeloa alcanzó la gloria vivió una pesadilla delante de su maestro. El fútbol es pura épica.
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