Pragmatismo u oportunismo: la nueva piel de Milei, entre Maquiavelo y Groucho Marx

“Estos son mis principios y si no te gustan, tengo otros”, bromeó. Groucho Marx. La frase, que comenzó como un chiste humorístico, se convirtió en un retrato perfecto de la política cuando las piezas del sujetador se volvieron intercambiables. JavierMiley Hoy encarna esa tensión entre la ficción política del outsider que prometió dinamizar la casta y la realpolitik del presidente que necesita negociar para gobernar. Su metamorfosis abre un dilema: ¿es una virtud saber adaptarse para obtener resultados o hay un defecto de fondo por haber perdido mucho tiempo en la intransigencia?

La cuestión debe estar fatalmente entrelazada con las olas políticas que han llevado a Argentina a su actual decadencia, después de casi un siglo de zigzagueo. Y esa evolución no fue sólo la alternancia lógica entre fuerzas, sino el empuje de muchos actores políticos, activos y pasivos, para romperlo todo y empezar de nuevo. El pragmatismo del presidente puede ser saludable, pero también corre el riesgo de confundirse con el oportunismo y en esta frontera borrosa, la política argentina demuestra una vez más que la coherencia es un bien escaso y que el poder, una vez conquistado, tiende a repetir viejos tics autoritarios.

La paradoja es que el realismo en política, si se ejerce con convicción, puede ser un instrumento de gobernabilidad, pero cuando se percibe como una concesión o una rendición, socava la credibilidad del liderazgo. Por tanto, el juego institucional se mueve en ese terreno ambiguo entre la necesidad de negociar para avanzar y la tentación de justificar cualquier cambio como realismo. Y ahí aparece el plan de personas capaces de validar cualquier cambio sólo porque la corriente o el personaje se ha puesto de moda. Ha sucedido varias veces en la política argentina que quienes apoyaron hasta ayer se dan la vuelta y se convierten en propagadores de la inestabilidad, para iniciar otro período de idas y venidas. En otras palabras, la reaparición del populismo depredador que luego buscará ser reemplazado por un nuevo Mesías.

A exactamente un año del caso LIBRA, el Presidente no llega virgen a estos pedidos porque todavía hay mucho que explicar, luego de haber revalidado sus políticas y su discurso con todo lo dispuesto en la Ley en octubre del año pasado. Los ciudadanos, siempre sabios, le dieron la posibilidad de tener el control en ambas cámaras del Congreso, sobre todo dándole más de un tercio de los votos para driblar cualquier moción de impeachment y para garantizar que los opositores no anulen el DNU. Aun así, el número de diputados y senadores es insuficiente –otra genialidad ciudadana–, hasta el punto de que el milesismo por sí solo no puede aprobar leyes sin apelar a compromisos políticos, tantas veces repudiados por un Milei menos práctico. Como dicen las abuelas, «tuvo que ponerse de mal humor» para conseguir las notas que le habrían llevado a subir varios escalones ya con considerable retraso.

El Senado logró dar una media sanción con números más que categóricos a una reforma laboral que había que destripar al gusto de quienes votaron. Fueron más de 20 cambios aceptados a última hora que cambiaron la opinión de la mayoría Patrizia Bullrich había firmado desde diciembre. Las variantes aceptadas (o concesiones votadas, como se quiera verlas) implican un rediseño del presupuesto del Ejecutivo, basado en el reparto de utilidades a las provincias y beneficios a sindicatos y empresas en relación a los aportes, menor presión sobre las obras sociales sindicales y la puesta en marcha (en junio, en principio) del nuevo fondo de compensación similar al de la UOCRA.

Pero no es oro todo lo que reluce, porque para Diputados algunos puntos corren el riesgo de ser superados cuando se trata de modernizar el tema laboral, incluidas las ausencias por enfermedad o el costo de la atención por parte de las empresas a un empleado en esa situación. El oficialismo ya ha dicho que pretende discutir todo en la comisión plenaria el próximo miércoles y que no aceptará cambios, que bloquearían la ley porque tendría que regresar al Senado. Está claro que en esta necesidad de avanzar se pueden negociar cambios en la legislación. Puro pragmatismo.

Un primer paso para tener un nuevo régimen penal juvenil con una menor edad de responsabilidad penal y el Acuerdo Mercosur-Unión Europea también fue aprobado por Diputados, aquí con una monumental división del peronismo que dejó particularmente aislados a los habitantes de Buenos Aires. Todo esto, en la ampliación política que siente el partido en el poder, ha acelerado la agenda de temas a discutir en las dos Cámaras en el resto de las Sesiones Extraordinarias. La Ley de Glaciares, por ejemplo, es un instrumento que las provincias limítrofes con los Andes quieren obtener para incentivar la llegada de inversiones extranjeras directas, especialmente en el sector minero.

Si la cuestión laboral puede servir para reactivar el empleo y el nivel de actividad, para forzar aún más el posible deseo de inversiones, la cuestión fiscal debería abordarse de inmediato, aunque todo indica que durante lo que resta del año no habrá ley orgánica, salvo pequeñas intervenciones puntuales. La tan necesaria reforma de las pensiones finalmente se pospondrá hasta 2028, ya que será imposible abordarla en un año electoral. Probablemente habrá margen para una reforma electoral que se mire con cuatro ojos y para una nueva ley sobre financiación de las universidades.

Esta vez el Gobierno ha encontrado una gran ayuda en su Mesa Política, debido al orden que se han impuesto los archirrivales internos, Karina MileiSantiago Caputoy toda la experiencia aportada especialmente por Bullrich. Juntos. Ambos han seguido la aprobación de la Reforma Laboral en el Senado y seguramente seguirán haciéndolo incluso cuando pase a la Diputación, aunque sus diferencias fundamentales residan en otra parte: en la Justicia y en los Servicios de Inteligencia.

Al mismo tiempo, el tema del intercambio solo trae buenas noticias para la pareja. merced–“Totó” Caputo. Por muy erráticos que sean los mercados internacionales por el peso de esta Donald TrumpCon la devaluación del dólar frente al yuan, la libra, el yen o el euro, Argentina ha revaluado su peso y el riesgo país está ahora en 500 puntos básicos, mientras el Banco Central compra dólares y suma reservas, más de 2.000 millones de dólares este año.

Lo que parece estar en juego en las cuestiones políticas de la Argentina actual es la diferencia entre flexibilidad y acomodación, entre adaptación y renuncia. Y ahí surge la pregunta de fondo: ¿puede un proyecto nacido como ruptura mantener su identidad sin caer en la lógica de ser o representar “lo mismo de siempre”? En este sentido, la frase de Groucho funciona como una caricatura del oportunismo político. Pero si lo pones a tono Nicolás MaquiaveloQuien parece negarse a morir, la ironía se convierte en reflexión: en «El Príncipe», el florentino defendió que el soberano debe estar dispuesto a utilizar todos los medios para preservar el poder y garantizar la estabilidad. Nació la idea de que “el fin justifica los medios”.

El pragmatismo puede ser saludable, pero también corre el riesgo de confundirse con el oportunismo. En esta zona gris, la política argentina demuestra una vez más que la coherencia es un bien escaso y que el poder, una vez adquirido, tiende a repetir viejos tics autoritarios. En realidad, toda política es un ecosistema darwiniano: no triunfa el más fuerte, sino el más capaz de adaptarse, donde la astucia vence a la ferocidad y el liderazgo se convierte en un organismo compuesto de convicción, cálculo y flexibilidad. Milei, que se presentaba como un depredador solitario, comenzó a transformarse en un animal político que negociaba para sobrevivir.

La pregunta es si esta mutación la convertirá en una especie dominante o si se convertirá en una variante domesticada de lo mismo de siempre. En política, como en la naturaleza, la adaptación garantiza la supervivencia, pero no garantiza la autenticidad. Porque cuando los principios se vuelven intercambiables, la supervivencia eventualmente deja de ser una virtud y se convierte en una caricatura. Groucho lo dijo como una broma y Maquiavelo como una doctrina y hoy Milei -a través de prueba y error- parece moverse entre los dos.

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