Un día como hoy de 1745 nació Alessandro Volta, el erudito italiano que combinó la física, la química y la fisiología y fue uno de los principales pilares que ayudó a establecer la teoría de la electricidad. El tiempo ha inmortalizado su nombre en los archivos de la vida, pues de su nombre se derivó la palabra “voltio”, convirtiéndose en la unidad de medida del voltaje eléctrico en todos los idiomas del mundo.
Los innovadores experimentos de Volta se centraron en el desarrollo de la primera celda galvánica conocida por la humanidad, conocida como «columna voltaica». Este invento no fue solo un dispositivo de laboratorio pasajero, sino que representó el prototipo en el que se basó toda la idea de las baterías modernas.
En 1800, Volta logró construir la primera celda galvánica del mundo que sirve como fuente química que produce corriente eléctrica, y la llamó «pila voltaica». Su diseño se basó en la conexión en serie de pares sucesivos de placas de zinc y cobre, separadas por espaciadores de cartón o cuero impregnados con una solución alcalina o agua salada. Una vez que estos metales entran en contacto, se produce una reacción química regular que produce una corriente eléctrica continua.
Estas células primitivas no estaban exentas de defectos, ya que tenían una vida útil corta, una corriente débil que generaban y una rápida oxidación de los discos de zinc que contenían. Pero lo llamativo fue que mostraba un extraño fenómeno físico, ya que el cable de cobre que cerraba el circuito se calentaba y brillaba, aunque su brillo era muy débil. Este fue el primer vistazo a la posibilidad de utilizar la electricidad para la iluminación.
Uno de los hitos más importantes en la historia del desarrollo de las baterías fue lo que inventó el ingeniero francés Georges LeClanchet en 1866 cuando inventó la primera batería de sal práctica, utilizando una placa de zinc como electrodo positivo y manganeso y dióxido de carbono como electrodo negativo, mientras que una solución salina desempeñaba el papel del electrolito que transportaba las cargas. Luego vinieron las mejoras. En 1889, Carl Gassner introdujo yeso y productos químicos que coexisten con el agua en el electrolito, allanando así el camino para la era de las baterías secas comúnmente utilizadas en las primeras linternas de finales del siglo XIX.
La primera mitad del siglo XX vio un nuevo salto, cuando el electroquímico estadounidense Samuel Rubin inventó la batería de mercurio en 1942, basándose en el óxido de mercurio como cátodo y el hidróxido de potasio como electrolito. Luego vino el químico canadiense Louis Frederick Urey para mejorar la batería de sal. En 1959 descubrió que el uso de un electrolito alcalino con polvo de zinc aumentaba significativamente la corriente resultante, encendiendo así las pilas alcalinas que conocemos hoy.
A lo largo de las décadas, el invento de Volta se difundió y desarrolló hasta convertirse en una parte integral del tejido de la vida humana contemporánea. Dada la importancia de este patrimonio científico, se estableció el Día Mundial de la Batería el 18 de febrero, fecha de nacimiento de este genial físico, para conmemorar su aportación.

Hoy en día, las baterías están en todas partes, desde relojes de pulsera hasta autos eléctricos silenciosos, desde teléfonos inteligentes que nunca abandonan nuestras manos hasta computadoras portátiles, ratones, teclados inalámbricos, parlantes portátiles, aspiradoras robóticas y linternas que iluminan nuestros caminos en la oscuridad. Las baterías nos han permitido disfrutar de muchos de los beneficios actuales sin la necesidad de estar constantemente conectados a la red eléctrica.
Pero este progreso tiene un alto precio ambiental, ya que un gran número de baterías usadas terminan en contenedores de basura comunes y terminan en vertederos donde se descomponen lentamente, liberando sustancias altamente tóxicas y nocivas, como plomo, cadmio y mercurio. Se estima que una pila AA seca puede contaminar de diez a veinte metros cuadrados de terreno, convirtiéndolo en un suelo árido que no puede crecer durante muchos años. Por lo tanto, no es exagerado calificar una batería abandonada como una peligrosa bomba de tiempo. Sin embargo, esta pesadilla medioambiental se puede evitar tomando medidas preventivas sencillas, la más importante de las cuales es la eliminación adecuada de las baterías por medios seguros.
Una de las soluciones prácticas más importantes es crear puntos de recogida y centros de reciclaje especializados y distribuirlos en centros comerciales, instituciones educativas y lugares públicos, proporcionando contenedores precintados y divididos según tipos de baterías, para facilitar su posterior clasificación y tratamiento de forma segura para el medio ambiente.

En medio de este viaje técnico, emerge un misterioso artefacto que suscita confusión y contemplación: la “Batería de Bagdad”, que algunos investigadores creen que se remonta a tiempos antiguos que precedieron miles de años al nacimiento de Volta.
Se trata de un jarrón de cerámica de unos trece centímetros de altura, que contiene en su interior un cilindro de cobre por el que pasa una varilla de hierro, aislada del cobre con tapas de asfalto. Cuando este recipiente se llena con un líquido ácido o alcalino, como vinagre o vino, se transforma en una simple celda galvánica que produce una pequeña carga eléctrica que no supera uno o dos voltios.
Esto ha suscitado especulaciones generalizadas sobre la posibilidad de utilizarlos con fines galvánicos, o incluso para aliviar el dolor con suaves descargas eléctricas, o utilizarlos en la realización de misteriosos rituales religiosos. Muchos expertos, sin embargo, dudan de que el jarrón sea una auténtica batería adelantada a su tiempo y tienden a interpretarlo como un recipiente corriente para guardar manuscritos u objetos sagrados.
Aunque la batería de Bagdad parece capaz de funcionar eléctricamente, la pregunta desconcertante persiste: ¿conocían los antiguos pueblos de las civilizaciones mesopotámicas el mismo secreto descubierto por el científico italiano Volta, o es sólo una coincidencia formal? Este misterio sigue siendo uno de los increíbles secretos escondidos en las páginas de la historia.
Fuente: RT
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