Cuando Elene Shatberashvili dejó Georgia, donde nació en 1990, para venir a París, pensó en convertirse en arquitecta. En Bellas Artes, donde se graduó en 2019, desarrolló su pasión por la pintura en el estudio de Tim Eitel. Es, junto con François Boisrond, Philippe Cognée y Djamel Tatah, uno de esos maestros que desempeñaron un papel decisivo en la aparición de pintores que hoy gozan de un creciente reconocimiento internacional. Contra el cliché que desde hace tiempo proclama la muerte de la pintura en Francia, esta joven generación tiene ideas libres y una larga memoria.
Esta unidad de época y tono se encuentra en la exposición que La Verrière dedica a Shatberashvili, una exposición que es a la vez personal y colectiva. Si sus obras son, con diferencia, las más numerosas, van acompañadas de las de artistas amigos: Miranda Webster (nacida en 1991 en Nueva Zelanda), Mathilda Marque Bouaret (nacida en 1992 en La Ciotat, en las Bocas del Ródano), Nathanaëlle Herbelin (nacida en 1989 en Israel), o Jean Claracq (nacido en 1991 en Bayona, en los Pirineos Atlánticos). Los dos últimos también pasaron por el laboratorio de Tim Eitel. Sus estilos tienen poco o ningún punto en común, pero todos están impulsados por un deseo de experimentación que los lleva en muchas direcciones diferentes. No imitan ni citan: prueban, buscan.
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