El inesperado revés en el mercado laboral estadounidense conmocionó a los analistas económicos y a los tomadores de decisiones en febrero de 2026.
En el mismo mes, Estados Unidos perdió 92.000 puestos de trabajo y la tasa de desempleo subió al 4,4%, según reveló el Departamento de Trabajo. Este resultado sorprendió a los mercados y generó preocupación sobre la solidez de la recuperación, un punto de inflexión que muchos no habían previsto tras meses de previsiones más optimistas.
La economía estadounidense ha atravesado una fase de notable expansión desde la pandemia, especialmente entre 2021 y 2023, cuando el país creó más de 400.000 puestos de trabajo mensuales a medida que se reactivaban la actividad y el consumo. Sin embargo, a partir de 2025 las perspectivas se han vuelto menos favorables. Las políticas comerciales del presidente Donald Trump, con aranceles erráticos y tasas de interés continuamente altas, marcaron un cambio de ciclo. La creación de empleo mensual promedio cayó drásticamente a solo 15.000 puestos en 2025, muy lejos del dinamismo anterior. Aunque la tregua arancelaria con China y los acuerdos con socios estratégicos como Japón y la Unión Europea intentaron estabilizar el entorno, la incertidumbre laboral quedó en un segundo plano.
El mercado laboral estadounidense ha mostrado signos de debilidad tras perder impulso desde mediados de 2025 por las políticas comerciales y los altos tipos de interés
El informe de febrero de 2026 acentuó esta tendencia. En enero el balance fue positivo, con 126.000 nuevos puestos de trabajo y una caída temporal del desempleo hasta el 4,3%. Sin embargo, el cambio de rumbo de febrero echó por tierra las expectativas: los economistas esperaban un aumento de 60.000 puestos de trabajo, pero el resultado fue diametralmente opuesto. Además, el Departamento de Trabajo corrigió a la baja los datos recientes, recortando otros 69.000 puestos de trabajo en los balances de diciembre y enero. Este deterioro puso de relieve un efecto acumulativo de factores internos y externos que aceleraron la erosión del mercado.
El impacto ha sido particularmente severo en sectores tradicionalmente sólidos. La construcción eliminó 11.000 puestos de trabajo, una disminución relacionada con un invierno inusualmente frío. El sector de la salud, históricamente un importante creador de empleos, perdió 28.000 puestos de trabajo debido en gran parte a una huelga de más de 30.000 trabajadores de Kaiser Permanente en California y Hawaii. La industria manufacturera continuó su mala racha con la eliminación de 12.000 puestos de trabajo, acumulando pérdidas en 14 de los últimos 15 meses. Los restaurantes y bares sumaron casi 30.000 muertes y el sector de servicios administrativos perdió casi 19.000 puestos de trabajo. Sólo el segmento de servicios financieros mostró resistencia, añadiendo 10.000 nuevos puestos de trabajo.
La dinámica laboral en Estados Unidos también ha estado marcada por cambios estructurales en la oferta laboral. Según Joe Brusuelas, economista jefe de RSM, factores demográficos como la jubilación de la generación del baby boom y las políticas de inmigración restrictivas, incluida la política de deportaciones de Trump, han reducido la competencia por los puestos disponibles. Esto ha cambiado el umbral necesario para mantener estable la tasa de desempleo: antes se necesitaban más de 100.000 contrataciones mensuales, ahora el rango fluctúa entre cero y 50.000.
Junto con estos factores internos, la incertidumbre internacional ha amplificado la cautela de las empresas. La guerra con Irán ha provocado que muchas empresas pospongan la contratación, dijo Heather Long, economista jefe de Navy Federal Credit Union. El temor de que la situación geopolítica pudiera afectar el gasto de los consumidores y la estabilidad del mercado llevó a una actitud de esperar y ver qué pasaba. Además, la acelerada incorporación de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías ha reducido la demanda de personal, especialmente en los rangos de entrada, ya que las empresas prefieren optimizar su plantilla con menos recursos.
El débil contexto se refleja en otros indicadores clave. Las solicitudes iniciales de desempleo ascendieron a 212.000 en la tercera semana de febrero, sólo 4.000 más que la semana anterior, y el promedio de cuatro semanas alcanzó 220.250. Las solicitudes continuas cayeron hasta 1.833.000, lo que indica que no hay una ola de despidos masivos, pero sí una desaceleración en la creación de empleo. La tasa de desempleo U-6 –que incluye a los trabajadores desanimados y subempleados– se situó en el 8,0% en enero. Otro dato crítico: la ratio de vacantes disponibles por desempleado cayó a 0,9 en diciembre de 2025, el nivel más bajo desde antes de la pandemia.
El nuevo escenario plantea un delicado desafío para la Reserva Federal (Fed). Con el aumento del desempleo y la caída de las nóminas no agrícolas, aumenta la presión para que la Reserva Federal considere un recorte de las tasas de interés para aliviar la desaceleración del empleo. Sin embargo, el riesgo de que un recorte repentino de las tasas pueda alimentar la inflación –especialmente cuando los precios del petróleo aumentan debido a las tensiones geopolíticas– limita el margen de maniobra. Los analistas advierten que la Reserva Federal enfrenta el clásico dilema de la “estanflación latente”: actuar para proteger los empleos o apoyar la lucha contra la inflación.
Para los empresarios e inversionistas latinoamericanos, el panorama estadounidense tiene repercusiones inmediatas. La incertidumbre en Estados Unidos tiende a encarecer el capital de riesgo, hace que la selección de proyectos sea más rigurosa y puede afectar tanto el flujo de inversión como las remesas a la región. Al mismo tiempo, el avance de la automatización abre oportunidades para startups especializadas en eficiencia operativa y reducción de costos, mientras que el deterioro de la mano de obra podría impactar el consumo en el mercado norteamericano, golpeando a las empresas latinoamericanas con modelos B2C.
Los especialistas recomiendan cautela al interpretar datos recientes. Los informes laborales suelen revisarse en semanas posteriores, con ajustes que pueden cambiar el diagnóstico inicial. Además, la persistencia de un entorno de bajas contrataciones y despidos puede reflejar una transición estructural en el mercado laboral estadounidense, más que una crisis inminente.Infobae.
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