Mujeres ilustres: Sor Lucía dos Santos y la gracia divina de conocer a la Virgen María

Gabriel Montenegro / [email protected]

Cuando la presencia de la mujer en el mundo es celebrada y recordada con alegría, alegría infinita y gratitud al Señor, sería imperdonable olvidar a todas aquellas heroínas que de una forma u otra han marcado nuestra historia antigua, media y contemporánea.

¿Quién no ha leído sobre María Magdalena, la reina Cleopatra, Juana de Arco, Dalila; la cruel Salomé, Santa Elena, Santa Rita de Casia, Santa Teresa de Lisieux, Santa Rosa de Lima, Santa Rosalía, Santa Apolonia, Santa Teresa del Niño Jesús, Santa Cecilia reina de la música, Santa Teresa de los Andes, Santa Gertrudis, Santa Bernadette Sobirous, Santa Faustina KowalskaSanta Marta; la misma Virgen María y muchos otros misericordiosos y santos del cielo.

Damas de notable desempeño y presencia como Golda Meir, Indira Ghandi, la Reina Victoria, Isabel de España, Catalina de Rusia, Ana Bolena, Isabel I y II de Inglaterra, Margaret Thatcher, Marie Curié, Jackeline Kennedy, Evita Perón, por nombrar sólo algunas, han marcado un hito innegable en sus respectivas épocas, cada una con su característico impacto en la historia e importancia en la existencia de todos.

Sin querer nada más que vivir humildemente

En la comunidad de Ajustrel en Fátima, el 13 de mayo de 1917, tres pastores portugueses; Giacinta Marzo, Lucía Dos Santos y Francisco Marto, quienes, como todos los días, transportaban su rebaño de ovejas, repentina y visiblemente sorprendidos, observaron, elevada sobre un roble y una pequeña nube, a una hermosa y luminosa joven vestida de blanco con un rosario en las manos.

La señora les habló y les dijo que “ella venía del cielo y que aparecería en aquel lugar donde realizaría prodigios a favor del pueblo portugués, el fin de la guerra y la conversión de Rusia a su Inmaculado Corazón.

Después de revelarse como Madre del Santísimo Sacramento, la Santísima Virgen María, prometió llevar a los niños al cielo, sin antes darles instrucciones a seguir.

Siempre ha sido una niña buena y obediente.

La Virgen María les mostró parte de los acontecimientos que sucederían en el mundo y les dijo a Jacinta y Francesco que primero irían al cielo, pero Lucía tuvo que quedarse más tiempo para realizar diversas tareas y revelar, en un plazo determinado, ante un Papa de la Iglesia católica, uno de sus grandes secretos.

Todo esto se cumplió plenamente y el Papa que recibió el significado del secreto fue Juan Pablo II, el religioso de origen polaco Karol Wojtila.

A través de Lucía, la Santísima Virgen también había anunciado el atentado que sufriría el Papa Juan Pablo II, cuando el turco Memet Alí Agca le disparó durante una de sus peregrinaciones, cuando estaba al borde de la muerte.

Encomiendo el secreto de la Virgen María al Papa Juan Pablo II.

A diferencia de sus primos Francisco y Jacinta Marto, que murieron aún muy jóvenes a causa de la terrible gripe española, Lucía Dos Santos vivió más de 90 años, siempre de forma modesta, incluido el período como carmelita en Pontevedra, donde realizó labores monásticas, siempre de penitencia, de oración, alejadas de la publicidad y la ostentación, pese a su merecida fama de vidente nada menos que de la Madre de Dios.

Lucía nació en Ajustrel (Portugal), el 29 de marzo de 1907, por lo que tenía apenas 10 años cuando ocurrió el Milagro de Fátima.

Su verdadero nombre Lucía de Jesús dos Santos, hija de María José dos Santos y Antonio dos Santos.

Fueron muchas las conversaciones y secretos entre esta humilde mujer, hija de agricultores, y su relación con la mismísima Reina del Universo.

Su sencillez nunca la abandonó y cumplió fielmente lo prometido en aquel maravilloso día en que, gracias a la Divina Providencia, emprendieron el camino de la santidad.

causa de canonización

El Santo Rosario fue su principal arma.

Actualmente la causa de Canonización de Sor Lucía Dos Santos está en pleno desarrollo y estamos seguros que será elevada oficialmente a los altares.

Han pasado 109 años del encuentro con la Virgen de Fátima, devoción mariana, que junto con la del Santuario de Lourdes en Francia y de Guadalupe en México, se convierten en los episodios más famosos de la intercesión de la Virgen María por nosotros y la manifestación del Poder Divino de Dios.

Todavía está en la mente de muchos en el Milagro del Sol y en muchas otras maravillas de Nuestra Santa Madre, de las cuales Lucía fue la principal protagonista.

En este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no podemos dejar de recordar con mucho orgullo y alegría a la pastora Lucía, además de desearle muchas oraciones para que pronto sea elevada a los Altares.

Los milagros de sus compañeros de aquella hermosa tarde, Jacinta y Francesco (ya santos), se vivieron en todo el mundo, un momento divino y sublime en el que sus vidas cambiarían para siempre.

En este homenaje de DLA a las mujeres que han marcado gran parte de la historia de la humanidad, no podemos dejar de recordar a la niña de mejillas enrojecidas por el frío de sus primeras mañanas pasadas como pastora y compartiendo la inocencia de los niños buenos.

Ya logró su objetivo de citar conversaciones con la Virgen María en múltiples ocasiones; la necesidad de rezar el rosario como arma contra el mal y los perversos, así como para enderezar nuestra conducta, porque a los ojos de Dios todos, incluso los pecadores, que se arrepienten de corazón, pueden alcanzar la santidad.

Esperamos pronto poder asistir al acto vaticano, donde el estandarte con su figura adorna las ventanas que dan a la Plaza de San Pedro, en un acto multitudinario para ratificar lo que María Santísima le había prometido junto a sus primas; el camino de la santidad, la luz de la inmortalidad del bien y la capacidad de llegar a Dios, ganándose el paraíso con fidelidad, fe, generosidad, amor y devoción… ¡Que así sea!… Amén.


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