(ANSA) – ROMA, 06 MARZO – En 10 años, en Italia, el número de hombres vivos después de haber sido diagnosticados con cáncer de próstata aumentó en un 55%. Eran 217.000 en 2014, pasaron a ser 485.000 en 2024. Además, en 2026 (respecto al periodo 2020-2021), se estima una reducción de la mortalidad del 7,4% para esta neoplasia. Avances importantes, conseguidos gracias a terapias innovadoras y tratamientos cada vez más eficaces. Sin embargo, es necesaria más atención a la calidad de vida, que hoy todavía se considera de forma no sistemática y con demasiada frecuencia en una fase tardía del proceso de toma de decisiones, cuando las principales opciones terapéuticas ya han sido guiadas por parámetros tradicionales de eficacia oncológica. Sin embargo, la calidad de vida debe reconocerse como un criterio de valoración principal y criterio rector en la evaluación de terapias innovadoras y en el diseño de vías de tratamiento. Así se destaca en el documento firmado por el grupo de trabajo integrado por los oncólogos Orazio Caffo, Nicola Calvani, Marco Maruzzo, Giuseppe Procopio, Daniele Santini y Elisa Zanardi.
El documento, elaborado con la contribución no condicionada de Bayer, forma parte del proyecto de la Fundación Aiom sobre calidad de vida en pacientes con cáncer de próstata.
«Las nuevas terapias han transformado el camino del tratamiento en un modelo de gestión prolongada de la enfermedad – explican los expertos en el documento -. En este escenario, la calidad de vida ya no puede considerarse un objetivo accesorio, sino que debe convertirse en un parámetro estructural de la evaluación clínica y organizativa».
Los expertos subrayan también la persistencia de «diferencias significativas entre la calidad de vida medida en los estudios clínicos y la percibida en la práctica real». Además, factores a menudo subestimados afectan a la calidad de vida – prosiguen los expertos en el documento – «como la polifarmacia y las interacciones farmacológicas, que exigen una mayor atención a la conciliación terapéutica, la toxicidad financiera ligada a los costes directos e indirectos del tratamiento y la carga psicológica asociada al seguimiento. También siguen subestimadas las necesidades psicológicas, de rehabilitación, de información y sociales». Por último, «las terapias, en particular la privación de andrógenos, pueden tener efectos significativos sobre el estado de ánimo, la imagen corporal, el sueño y la vida relacional». (MANEJAR).
