El mercado del petróleo envía una señal de advertencia a la economía global. Los precios del Brent y del WTI estadounidense han registrado las mayores ganancias porcentuales semanales de su historia y nada parece capaz de detenerlos.
EL guerra con iran y las perturbaciones del transporte marítimo en el Estrecho de Ormuz aumentan los temores de un nuevo shock energético con graves implicaciones para la inflación y el crecimiento.
El salto y el efecto dominó
El aumento de los precios del petróleo en los últimos días ha sido uno de los más violentos registrados. En la semana que terminó el 6 de marzo, el contrato WTI de abril subió casi un 36%, mientras que el Brent de mayo subió alrededor de un 27%.
Si se repitiera un aumento similar, los precios se acercarían a los máximos históricos alcanzados en 2008, cuando el petróleo alcanzó los 145 dólares el barril.
El aumento de los precios del petróleo tiene implicaciones mucho más amplias que el costo de la gasolina. Afecta el costo del transporte, el combustible de aviación, la electricidad y la producción industrial, creando un efecto dominó que repercute en toda la economía.
Esta evolución fortalece la inflación, reduce el poder adquisitivo de las familias y limita el consumo. Al mismo tiempo, complica el trabajo de los bancos centrales, que intentan contener los precios sin perjudicar el crecimiento.
Los economistas estiman que cada aumento sostenido de 10 dólares en los precios del petróleo podría reducir la tasa de crecimiento de Estados Unidos en alrededor de 0,1 puntos porcentuales, a medida que los hogares recortan el gasto para cubrir los crecientes costos de la energía.
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¿Dónde comienza «Armagedón»?
Los analistas señalan que el escenario del Armagedón aún no ha llegado. Sin embargo, los niveles considerados peligrosos empiezan a acercarse.
En el mercado, los 100 dólares por barril de Brent se consideran el primer umbral psicológico crítico. Estimaciones más extremas sitúan la actual “alerta roja” por encima de los 140 dólares para el Brent y los 138 dólares para el WTI, niveles que podrían causar graves turbulencias en la economía mundial.
En tal escenario, las economías de Asia y Europa serían particularmente vulnerables debido a su fuerte dependencia de las importaciones de energía.
El peligro del Estrecho de Ormuz
El mayor temor de los mercados no es sólo el precio, sino también el flujo físico del petróleo. Si los camiones cisterna no pueden pasar Estrecho de Ormuz – la ruta energética más importante del planeta – entonces las exportaciones de los países del Golfo se reducirán drásticamente.
En este caso no sólo habrá falta de suministro, sino también problemas de almacenamiento, ya que la producción no podrá cargarse y transportarse a los mercados internacionales.
La duración de la crisis es crucial
La gravedad de las consecuencias depende principalmente de la duración de los trastornos.
Si la guerra dura unas pocas semanas, las economías tal vez puedan absorber el shock. Pero si los precios altos persisten durante meses, el shock energético podría convertirse en una nueva ola de inflación y un serio lastre para el crecimiento global.
