Aunque a primera vista nada ha cambiado, en las aulas universitarias ya no se enseña como antes. Un estudiante de derecho aprende a utilizar la inteligencia artificial desde el primer año. Uno de Ingeniería entrena modelos que toman decisiones. Y en Arquitectura un proyecto ya no surge de una única idea, sino de decenas de opciones generadas en pocos minutos. El tan comentado futuro del trabajo comenzó a infiltrarse en las carreras mucho antes de que los estudiantes se graduaran. Por eso la realidad de esta vertiente de la educación también forma parte de la producción de LA GACETA: «¿Qué estudiar hoy? Entre la vocación y un mercado laboral que se transforma»
«La programación no se trata sólo de aprender un lenguaje informático», dice Rubén Egeadecano de la Universidad Tecnológica Nacional – Facultad Regional (UTN), y la frase sirve como puerta de entrada a ese cambio. «Implica el desarrollo del pensamiento lógico, habilidades analíticas, resolución de problemas y fundamentos matemáticos».
¿Qué estudiar hoy? Entre la vocación y un mercado laboral que se transforma
La definición rompe con una idea muy extendida: que la tecnología del aprendizaje incorpora herramientas. Para Egea el meollo de la cuestión está en otra parte. “Esto es exactamente lo que intentamos enseñar a nuestros estudiantes”, explica, refiriéndose tanto a técnicas de programación como a ingeniería de sistemas de información. La diferencia, subraya, no es sólo de duración, sino de profundidad: desde una rápida entrada al mercado hasta la capacidad de diseñar sistemas complejos e impulsar procesos de transformación digital.
Este paso de la herramienta al pensamiento también se manifiesta en otras disciplinas. “Se ha pasado del conocimiento mecánico a uno que privilegia el conocimiento práctico”, explica el abogado. Marco Rossidirector del Laboratorio de IA, Innovación y Transformación Digital (Dyntec), de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNT. Y en ese mismo movimiento añade: “La inteligencia artificial aparece como una noción necesaria dentro del conocimiento jurídico”.

CLASE. Marco Rossi, director del Laboratorio de IA, Innovación y Transformación Digital de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNT, en una tesis sobre inteligencia artificial. FOTO MUNICIPIO DE SAN MIGUEL DE TUCUMÁN
No es un cambio menor. Durante años la ley se ha basado en la memoria y la interpretación de las normas. Hoy esa base empieza a convivir con sistemas capaces de procesar información a gran escala. “Lo que los estudiantes piden, y lo que los profesores intentan perfeccionar, es aprender cómo se debe hacer, además de cómo debe ser tradicional”, explica Rossi.
Aprender a hacer y decidir
En este nuevo escenario, la inteligencia artificial no sólo añade herramientas: redefine el tipo de figura profesional necesaria. “Formamos ingenieros que no sólo consumen tecnología, sino que la crean y le dan forma”, explica el ingeniero. ernesto ricodirector de los cursos de Informática e Inteligencia Artificial de la Unsta. Se trata de perfiles capaces de diseñar sistemas que aprendan de los datos, procesen el lenguaje natural o reconozcan patrones en imágenes. “Formamos profesionales con una base matemática y estadística que les permita comprender la lógica del aprendizaje automático”.
Pero el hecho clave es dónde se aplica ese conocimiento. “La demanda ya no proviene sólo de las fábricas de software”, advierte. Las Software Factory son empresas o unidades de negocio especializadas en el desarrollo, mantenimiento y control de calidad de software a medida para terceros. En Tucumán sectores como el citrícola, la industria azucarera o la salud empiezan a incorporar estas herramientas. «Establecemos conexiones con importantes institutos de investigación para aplicar la IA en la optimización de aspectos administrativos, desarrollo agrícola y procesos industriales». Ese movimiento tiene un impacto directo en el entrenamiento. Por eso, subraya, los alumnos trabajan con casos reales desde los primeros años: “aprenden haciendo, investigan y resuelven casos reales”.
Rico también plantea el desafío de fondo: «Tucumán tiene una gran oportunidad. La posibilidad de modernizar industrias tradicionales que aún tienen baja adopción de IA y el auge de startups locales. El talento permanece cuando encuentra un propósito, y mejorar nuestra provincia a través de la IA es un propósito muy importante».
Esta lógica práctica también está presente en la Ley. Desde el laboratorio de IA de la UNT, Rossi explica que el uso de la inteligencia artificial se incorporó desde el principio. “Fuimos la primera facultad de derecho de la Argentina en implementar mediante resolución una guía para el uso práctico de la inteligencia artificial para estudiar derecho”, afirma. Lejos de prohibirlo, la estrategia es integrarlo. “Lo que podría considerarse poco ético se aborda con las debidas precauciones, teniendo en cuenta el desempeño profesional”, explica.

NUEVA CARRERA. En 2023, Unsta – dentro de su Facultad de Ingeniería – lanzó la especialización en inteligencia artificial. FOTO UNSTA
Sin embargo, hay un punto en el que todos los puntos de vista coinciden: la tecnología no sustituye al juicio. “Razonar con criterios humanos es una habilidad que debemos entrenar y mantener”, advierte Rossi, ante sistemas que pueden saber más sobre la aplicación de las reglas que las propias personas.
Más opciones, más solicitudes
En Arquitectura, el impacto de la inteligencia artificial se hace visible en el proceso creativo. «Durante mucho tiempo el proceso fue bastante lineal: idea, boceto, desarrollo, documentación», explica el arquitecto Martino Bordatoprofesor de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la UNT y de la Universidad de San Pablo-Tucumán (USPT). Hoy, sin embargo, «es mucho más iterativo. Podemos generar múltiples alternativas en muy poco tiempo, compararlas y avanzar con mucha más información». Y resume el cambio: «Para mí hay un punto clave: se reducen los tiempos de producción, pero aumenta la calidad de la decisión. Dedicamos menos tiempo a generar modelos y más tiempo a pensar en el proyecto».
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En las aulas, esto se traduce en nuevas formas de aprender. Los estudiantes trabajan generando imágenes y modelos arquitectónicos a partir de texto, bocetos o modelos, collages, herramientas de análisis y optimización, e incluso creando contenido visual. Pero, sobre todo, se enfrentan a otro desafío: elegir. «Antes, la atención se centraba en encontrar una buena idea. Hoy el desafío es poder generar muchas alternativas y, sobre todo, saber elegir”, explica Bordato.
Aparece una de las claves del nuevo escenario laboral. “La IA puede proponer, pero no decidir”, insiste. Y ese límite redefine el valor profesional: “Creo que los perfiles más valiosos serán aquellos que combinen diseño, tecnología y pensamiento estratégico. Profesionales que no sólo sepan utilizar las herramientas, sino que sepan para qué usarlas y cómo integrarlas en un proceso coherente”. El cambio, coinciden los cuatro, no está en el futuro: ya está pasando por las aulas. También redefine las expectativas.

DEFINICIÓN. Rubén Egea, decano de la Universidad Tecnológica Nacional – Facultad Regional (UTN), asegura que programar no significa simplemente aprender un lenguaje informático. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ
«El verdadero desafío es seguir fortaleciendo la educación tecnológica del país», afirma Egea. Y lo traduce en una necesidad concreta: «Argentina necesita más programadores, más técnicos y más ingenieros que aporten conocimiento, innovación y desarrollo al sector productivo». Rossi, desde otro ámbito, apunta en la misma dirección pero con otra formulación: «Los perfiles que más demanda tendrán serán aquellos que no se cansan de aprender. Estamos en un momento de ampliación de capacidades».
Entre los dos extremos –técnica y criterio– comienza a surgir el próximo profesional. Aquel que no sólo se adapta al cambio, sino que aprende a moverse dentro de él.
El cambio ya se está produciendo en las aulas y no en un futuro lejano. Las universidades de Tucumán intentan reformular sus planes de estudio ante un escenario en el que la inteligencia artificial, la automatización y los datos están cambiando lo que se aprende y por qué aprendemos. La discusión ya no es si el mundo del trabajo está cambiando: ahora el foco está en cómo formar profesionales capaces de adaptarse a este movimiento.
Producción audiovisual:
Agostino Garrocho Sí Álvaro Medina.
