Gabriele Montenegro
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El acto de la Sagrada Eucaristía y la Liturgia representan los elementos fundamentales y el simbolismo de la Santa Misa, que resume las palabras mismas de Nuestro Señor Jesucristo a sus apóstoles y seguidores en su predicación evangélica de la Salvación, expresando: «El que come de mi cuerpo y bebe mi sangre, ya no tendrá hambre ni sed, sino que entrará en la vida eterna». Estas frases no fueron bien entendidas ni interpretadas, especialmente en una época donde las leyes judías eran muy drásticas, además de que los escépticos las consideraban fuera de toda razón y dignas de una persona desequilibrada, al menos mentalmente.
Hasta qué punto fueron quienes malinterpretaron el mensaje del Todopoderoso, que se ofreció con su sacrificio personal, para estar con nosotros a pesar de su holocausto en la cruz, demostrando su profundo amor por todos, especialmente su comprensión y perdón hacia nosotros pecadores.
milagros eucarísticos
Se habla mucho de hechos y acontecimientos extraordinarios en algunas misas y en plena adoración de la Sagrada Eucaristía y según la historia el primer acontecimiento divino ocurrió en Lanciano, en la iglesia de San Legonciano (Italia) en el siglo VII, cuando una hostia comenzó a sangrar y se convirtió en carne, mientras el vino se transformaba milagrosamente en sangre.
Un monje o sacerdote que oficiaba la misa dudaba de que Jesucristo estuviera realmente presente en este hermoso acto litúrgico.
En el momento de la consagración ocurrió el maravilloso acontecimiento que demostró que en realidad la promesa del Todopoderoso se cumple de hecho, uso, razón y circunstancia en cada altar y tabernáculo.
La presencia de Dios ha sido demostrada en más de diez milagros eucarísticos en el mundo y debería llamarnos a no ir a la Casa del Señor si no creemos en su maravilloso acompañamiento en cada misa del mundo.
La historia de San Longino se ha reflejado como un verdadero acto de creencia en el Poder Divino de Dios y este santo es conocido como el centurión romano que se paró al pie de la cruz durante la crucifixión de Jesús y le atravesó el costado con una lanza.
El Evangelio de Juan narra que del cuerpo de Jesús brotó sangre y agua. Mateo y Marcos nos dicen que este soldado se convirtió al presenciar la muerte de Jesús, el terremoto y la oscuridad del mediodía que siguió, diciendo: “¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!”
En la referencia leemos que: «En los evangelios este soldado no tiene nombre; Es probable que el nombre Longinus simplemente provenga de la palabra que significa «lanza». La comunidad cristiana contó historias sobre el resto de su vida, pero muchas de ellas son leyendas e históricamente imposibles de verificar. Algunos relatos afirman que abandonó la vida militar y se hizo monje. Otros dicen que Pilato lo martirizó por confesar que Jesús era el Hijo de Dios.
Las reliquias de San Longino -se dice- reposan en la capilla de reliquias de la Basílica, y su figura está representada en vidrieras en varios lugares de la misma. En este vitral recibes una visión de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Longino se encuentra en la parte inferior derecha de la ventana, sosteniendo una lanza, arrodillado junto a los santos Francisco, Agustín e Ignacio.
San Longino está asociado con el Sagrado Corazón de Jesús porque, más que cualquier otro personaje de la pasión de Jesús, fue quien más físicamente experimentó la muerte sacrificial de Jesús por amor a todos nosotros. Se convirtió en creyente cuando traspasó el corazón de Jesús con su lanza y vio brotar de él agua y sangre.
Los teólogos asocian el agua y la sangre que brotó del costado de Jesús con las aguas del bautismo y la sangre de Cristo que recibimos en la Eucaristía, sacramentos que nos constituyen como Iglesia. Longino representa, por tanto, un modelo para los cristianos. Nosotros también buscamos la conversión encontrando el agua y la sangre que brotan de Cristo, renovando nuestras promesas bautismales y participando de la Eucaristía.
San Longino, el centurión que se convirtió cuando traspasaste el Sagrado Corazón de Jesús, ¡ruega por nosotros! – reza su oración.
Verificación científica
De todos es conocida también la duda permanente de nosotros, pecadores, ante acontecimientos que consideramos sobrenaturales e inexplicables, especialmente los religiosos.
Se sabe que en uno de los milagros eucarísticos se realizaron estudios médico-biológicos a una hostia que se transformó en carne, demostrando con asombro que se trata de carne humana, perteneciente al ventrículo superior izquierdo y obviamente tejido histopatológico, propio de un moribundo.
La duda se ha transformado en verdad y felicidad extrema.
Recordando la historia de lo sucedido en Lanciano, el mismo monje o sacerdote que dudaba de la Divina Presencia del Señor, sintiendo el calor del Divino Corazón de Jesús en sus manos, expresó con gran dolor y pesar: «Oh testigos afortunados, para destruir mi falta de fe, maravillaos de Nuestro Dios tan cerca de nosotros».
Por lo tanto nosotros que queremos ser salvos y hacer el bien debemos comer el Pan y el Vino de la verdadera Salvación, obviamente confiando en que llevamos al mismo Jesucristo dentro de nosotros… ¡¡¡Aleluya!!!… Alégrese el cielo y la tierra, porque la salvación ha llegado por Nuestro Señor Jesucristo, el Dios Único y Verdadero. Amén.
Asimismo, en muchos casos de hostias sangrantes, también se ha confirmado que se trata de tejido sanguíneo, procedente de una herida.
Esta evidencia convincente y nuestro razonamiento de fe no pueden crear dudas en nuestros corazones y mentes; para que sin duda alguna, el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo nos acompañe y favorezca en cada Misa celebrada hasta en el lugar más humilde y remoto del mundo. Gracias, Señor del Santísimo Sacramento del Altar. No olvides en estos días que recordamos el sacrificio del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, las palabras fuertes y esperanzadoras del Ángel de la Anunciación: “Para Dios nada es imposible”… ¡Feliz Semana Santa!
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